Capítulo 31 31

—Sí.

Balam dejó de sonreír.

Yo también.

La palabra acababa de salir demasiado fácilmente.

—¿Sí qué? —preguntó.

—No me obligues a repetirlo.

—Aurelia, acabas de responder una pregunta bastante importante. Necesito asegurarme de no haber sufrido una alucinación.

—A veces imagino entrar porque quiero.

...

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