Capítulo 33 EL FRÍO DE LA HUIDA Y LA EPIFANÍA DEL OFICINISTA.

El agua helada caía sobre nosotros con la furia implacable de una tormenta industrial. La alarma anti-incendios seguía gritando su letanía ensordecedora de ¡WEEE OOO!, taladrando mis tímpanos y destruyendo hasta la última partícula de la atmósfera cargada de feromonas y magia que habíamos construido...

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