Capítulo 39 EL PARAÍSO MATUTINO.

La luz del sol matutino se abría paso a través de las lamas torcidas de la persiana, dibujando franjas doradas y cálidas sobre las sábanas revueltas de mi cama. El aire de la habitación ya no olía a humedad ni a encierro; estaba impregnado de un aroma a ozono suave, a incienso dulce y a la abruma...

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