Capítulo 17 17

―Si vas a mirar el teléfono cada treinta segundos, al menos ten la dignidad de admitir que esperas un mensaje suyo.

Levanté la vista de la tableta.

Dante estaba sentado frente a mí, rodeado de bocetos, vasos vacíos y una cantidad absurda de lápices.

―No espero nada.

Mi teléfono vibró.

Dante sonrió.

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