CAPÍTULO 34 (Hades desmayado)

El cielo gris y helado gruñía inquieto. Las gruesas nubes ennegrecidas eran arrastradas hacia abajo por la pesada lluvia que sostenían en su delicado marco.

Ysabella mira al cielo y cierra los ojos.

—Otra vez lluvia— murmuró para sí misma mientras respiraba el aroma del aire.

Las nubes, que luchab...

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