Capítulo 86 La puerta del consultorio

—Ahora —dije—, van por mi nombre.

Mi madre no preguntó dos veces.

Tomó mi teléfono, leyó el correo de la clínica y después miró la foto borrosa de Mateo en mi consultorio como si Victoria hubiera puesto una mano sucia sobre la mesa de nuestra cocina.

—No contestes nada.

—No iba a contestarle a Victo...

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