Capítulo 65

Noah se quedó allí en silencio, observándome con esos ojos suyos, firmes e imperturbables, esperando a que dijera algo. Cualquier cosa.

Pero el peso de sus palabras todavía flotaba en el espacio entre nosotros, y no había forma de deshacerse de él.

Compañero predestinado.

La frase seguía repitién...

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