Perdido

Rex llegó a casa en silencio. El ático estaba en penumbras, el resplandor ámbar de la ciudad se filtraba a través de las altas ventanas de vidrio, pero no lograba calentar el vacío interior.

No había dicho una palabra desde que salió de la oficina.

Ni a King. Ni a Romeo. Ni a sus otros amigos y ci...

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