La casa dispersa

Los ojos de Adrián se clavaron en Isabella, su mirada fría e implacable, el tipo de mirada que despoja la carne del hueso. No parpadeó, no suavizó, no ofreció ni siquiera la misericordia de apartar la vista. El silencio se alargó, una manta asfixiante sobre la habitación. Isabella se quedó congelada...

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