Ecos huecos

Cuando Annie despertó, el mundo no parecía real. Estaba en silencio—demasiado silencio—excepto por el suave y rítmico pitido a su lado. Un techo blanco entraba y salía de foco. Su garganta dolía, su pecho ardía, y cada respiración se sentía como si arrastrara aire a través del fuego.

—¿Annie?

La v...

Inicia sesión y continúa leyendo