Comienza la cacería

La llamada telefónica había terminado, pero su eco permanecía en el aire como humo que se negaba a desaparecer.

Por un momento, nadie se movió. La habitación estaba cargada de tensión—tan densa que incluso el leve zumbido del refrigerador parecía demasiado fuerte. Las paredes parecían cerrarse, sof...

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