Susurros en secreto

Alaric Devereux no había dormido en treinta horas. Sus ojos ardían, enrojecidos por demasiadas pantallas, demasiadas llamadas telefónicas y demasiado silencio que no traía respuestas. El mundo se había reducido a dos cosas—Annie, pálida y sedada en una cama de hospital, y la caza de las personas que...

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