Finalmente se quebró

La lluvia se había reducido ahora a una neblina, tan fina como el aliento. La furia de la tormenta se había aquietado, pero su eco aún persistía en el aire, el olor a sal, metal y miedo. Judith estaba de pie en el centro del camino, su cabello pegado a su rostro, sus ojos afilados como vidrio roto. ...

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