Antes de que la luz tocara su rostro

El fuego se había reducido y la tormenta afuera se había calmado.

Pero Rex no podía dormir.

Ann todavía estaba acurrucada contra él—desnuda, cálida, suave contra el desorden de las sábanas. Su respiración acariciaba su pecho en ritmos suaves, sus dedos extendidos sobre su corazón como si inconscie...

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