Apto para un rival

Judith Radsford se paró frente a su espejo de cuerpo entero, con la mandíbula apretada, los ojos afilados por una furia silenciosa. Sin maquillaje, su piel mostraba las sombras tenues de noches sin dormir, el tono pálido de demasiadas mañanas inquietas. La bata de seda en su cintura colgaba pulcrame...

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