Su caída

Ann se despertó treinta minutos antes de lo habitual y, por una vez, no sintió el peso aplastante de la angustia que la mantenía pegada al colchón. Su cuerpo se sentía ligero, su mente—más clara de lo que había estado en días. La luz matutina se filtraba suavemente a través de la delgada cortina, ca...

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