Capítulo 50 No tienes que repararlo

CLEMENTINE

—¡Clementine, vete de aquí! —gritó Arthur, intentando levantarse del charco de agua sucia—. ¡No tenías que venir!

—¡Cállate la boca, Arthur! —le espeté sin dejar de mirar al hombre que sostenía el sobre amarillo—. Si estás metido en esta porquería es porque eres un imbécil irrespons...

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