Capítulo 3 Capítulo 1
El corazón me latía deprisa y sentí mi garganta completamente seca. Lo había echo otra vez, supe que estaba en problemas pero eso no hacía que dejase de mirar.
El hombre desconocido estaba encima de Brianna mientras entraba y sacaba su polla una y otra vez de su coño. Los gemidos de mi amiga se escuchaban por todo el pasillo. Podía ver claramente como el sudor cubría sus cuerpos y eso solo hacía que mi excitación aumentase a niveles altísimos. Él acariciaba sus tetas mientras aumentaba la fuerza de sus estocadas contra su cuerpo. Brianna mantenía sus ojos cerrados y su rostro se contraía lleno de placer.
«¿Alguna ves alguien me haría sentir eso a mí?»
La humedad en mi coño solo aumentaba con cada movimiento que aquel hombre hacía. Miré a mi alrededor, no había nadie en ese pasillo. Mi madrastra estaba en una reunión importante por la cual me ordenó encerrarme en mi habitación. Las demás chicas estaban en la zona del bar preparándose para la apertura y los clientes no iban a llegar hasta dentro de unas horas. Levanté mi falda larga e hice a un lado mis bragas. Acaricié mi clítoris y sentí toda mi humedad. Un gemido escapó de mis labios. Continué con caricias leves mientras veía a través del cristal de la zona voyeur como el hombre follaba a unas de las prostitutas del burdel y mi mejor amiga en este lugar.
Era fuerte, con una espalda ancha y el cabello negro —al cuál estaba agarrada Brianna—. Había llegado temprano en la tarde y pagado una buena cantidad de dinero para recibir servicios aunque aún no habíamos abierto. Lo miré ocultándome desde la oscuridad, tenía prohibido salir a la zona de la clientela o acercarme a cualquiera de ellos. En general, solo podía salir de mi habitación cuando el burdel estuviese vacío para limpiar y arreglar a las chicas.
Aquel hombre llamó mi atención, no se veía como los clientes normales, no era viejo, ni feo, ni vestía mal. Era atractivo e incluso intimidante. Tenía una mirada bastante seria y mi madrastra lo trató como a esos millonarios que reservan el burdel los viernes. Debí haber obedecido y haberme ido a mi habitación, pero mi curiosidad fue más fuerte. Me escabullí de los cuidadores y fui a observar lo que estaba pasando.
Estaba excitada y totalmente atraída por aquella escena. Las chicas me contaban sus experiencias con los hombres, algunas eran desagradables y otras —como está—, las hacían disfrutar. Yo tenía poca experiencia en el sexo, había perdido la virginidad a escondidas de mi madrastra con un sobrino suyo que vino a visitarnos hacía unos años y desde entonces no había vuelto a experimentarlo. Pero me encantaba escuchar los relatos de Brianna de cómo muchos hombres hacían vibrar su cuerpo y ansiaba poder disfrutar de ello algún día.
Continué observando la escena mientras hundía dos dedos en mi vagina y mis fluidos humedecían mis muslos. Retrocedí dos pasos y me pegué a la pared, moviendo mis dedos rápidamente dentro y fuera. Cerré mis ojos e imaginé a aquel hombre ahí conmigo, sus manos tocando mi cuerpo, su calor pegándose al mío y su enorme polla entrado en mi coño repetidas veces.
«Joder Bianka, necesitas detenerte ahora»
Era imposible, el placer pudo más que mi racionalidad y aceleré los movimientos de mis dedos. Un gemido fuerte salió de mis labios, hizo eco por el pasillo, el orgasmo llegó de forma liberadora y me corrí mojando toda mi mano y mis bragas que permanecían colgando de mis muslos.
—Mierda —susurré por lo bajo.
Llevé mi mirada a la escena donde ahora Brianna tenía la polla del hombre en su boca. Había tenido suficiente por hoy, era hora de regresar a mi rincón. Subí mis bragas totalmente mojadas y cuando me giré dispuesta a marcharme, me encontré con mi madrastra acercándose con un rostro lleno de reproche.
«Bien, hora de enfrentarse a las consecuencias»
Llegó hasta mi, con su largo vestido azul oscuro y como siempre sus manos entrelazadas al frente. Me observó de pies a cabeza y puso una mueca de disgusto.
—Voy a ignorar que estás aquí, Bianka —me dijo y tomó mi mentón para escrutar mi rostro—. Estás limpia.
—Me di una ducha hace unos minutos, Delle.
Ella asintió y llevó su mirada al cristal donde ya Brianna y ese hombre estaban totalmente vestidos saliendo de la habitación.
—A mi oficina —me ordenó—. Ahora.
Se dió la vuelta y yo la seguí apresuradamente. La oficina de Delle quedaba en el segundo piso del burdel y desde allí tenía visibilidad al área del bar donde los hombres usualmente escogían a que chica cogerse. Subimos las escaleras como si hubiese un incendio esperándonos en su oficina y al entrar aquel hombre ya estaba allí.
Me quedé de pie, Delle rodeó su escritorio y tomó asiento en su gran sillón mientras él estaba sentado al frente de ella y de espaldas a mi. Podía reconocerlo solamente por su espalda.
—Espero haya disfrutado, señor Snow —le dijo mi madrastra.
Él tamborileó sus dedos en el reposa brazos del sillón antes de responder.
—¿Has pensado en mi propuesta? —le preguntó.
Su voz era gruesa y fuerte, mandó escalofríos a mi columna vertebral. Me mantuve callada y de pie, mientras ellos mantenían lo que pensé era una reunión de negocios.
—Es una pieza importante aquí —le comentó Delle—. Es mi familia también.
No sabía sobre qué hablaba y la curiosidad sobre aquella conversación se encendió. Di un paso al frente totalmente interesada.
—Voy a cuidarla, no quiero una mujer, Delle —le explicó él—. Necesito una sirvienta.
Ella asintió, sacó unos documentos de la vieja gaveta del escritorio que una vez fue de mi padre y llevó luego su mirada hacia mi.
—Bianka —me llamó y respondí con un asentimiento—. Irás a pasarte un tiempo con el señor Snow.
Me quedé quieta. Mientras la observaba esperando que aclarara que aquello era una broma de mal gusto y podía regresar a mi habitación donde debí haber estado todo el tiempo. Pero no, Delle me miraba con el semblante serio en espera de una respuesta por mi parte.
