Capítulo 4
¿Qué pasó con esas siete sensaciones de placer? Ahora son siete niveles de tortura, ¿no? ¿A quién se le ocurre pegar esos malditos labios hambrientos contra los suyos, tan suaves y deliciosos? Estaban fríos, húmedos, como con sabor a algodón de azúcar. Mi cerebro tuvo que intervenir porque las ganas locas de probar un pedazo de Trinity casi me hicieron perder el control total. Te juro que si seguía hablando, yo mismo le hubiera callado esa boquita de una forma muy distinta.
—Quiero a Trinity Stone
—No puedo tener a Trinity Stone
—Aún así, la quiero
Cuando volvemos al coche, le abro la puerta con toda la "galantería" del mundo otra vez. Y sí, como antes, me lanza una de esas piernas largas y cruzadas que, sinceramente, son la única razón por la que me sale tan fácil jugar al caballero.
—Me quedo mirando medio segundo de más
"Joder, qué ganas de saborear eso."
"¿Cómo dices?"
"Dije... ¿a dónde vamos ahora?"
"Bueno, supongo que debería ir al salón, como se suponía. Si no, en cualquier momento llaman a mi mamá preguntando por mí."
Entonces se me ocurre la pregunta más random del día; me arriesgo a que me suelte un bofetón… o que se ponga a charlar tan tranquila.
"Princesa, ¿tus papás te dicen siempre lo que puedes o no puedes hacer?"
"Sí, claro. ¿Los tuyos no hacían eso contigo?"
"Mis padres están muertos. Pero bueno, creo que siempre me dejaron hacer lo que me daba la gana."
"Bueno, mi papá dijo que si voy a tomar su lugar cuando se retire, necesito aprender a hacer las cosas bien."
—Ah, ese pequeño detalle...
Ahora al ‘salón’. Dudo mucho que se pueda meter en problemas en un lugar donde te arreglan el pelo. Y sí... me va a tocar sentarme entre un grupo de señoras llenas de rulos babeando durante al menos tres horas. Qué jodido es este trabajo... bueno, al menos hasta ahora.
"Princesa, ¿para dónde queda ese salón de belleza?"
"¿Salón de belleza? Vamos al solárium, y de paso, me van a hacer la cera."
"Dime por lo menos que sólo te van a depilar las piernas."
Me guiña un ojo con una risita descarada, y lo único que pienso es:
—Joder...
Justo había conseguido calmar a la bestia, y ahora ella viene a encenderla otra vez.
"Dime por favor que este lugar no tiene salida trasera."
"Ehmm... ya me escapé por ahí un par de veces. Literal."
"Entonces dime, al menos, que llevás bikini puesto."
Sólo niega con la cabeza, sonriendo como si no pasara nada.
"Mierda."
No creo que se me vuelva a escapar.
"Lo siento, princesa, pero me quedo esperando afuera."
"Pero tú..."
"No."
"¡Tienes que venir!"
"No."
"Entra..."
"No."
Ella se da la vuelta indignada y se va hecha una furia delante de mí. Y oye, no me quejo; esos labios fruncidos le quedan espectaculares.
Así que ahí me ves, súper cómodo, tirado en la salita de espera, mientras la ‘señorita voy a hacer berrinche’ se mete al fondo del local.
Según la chica de recepción, lo suyo tardaría unos quince minutos, lo típico de un bronceado exprés ... pero pasan veinte.
Luego cinco más.
Y media hora.
Sí... me da mala espina; creo que la princesa volvió a hacer de las suyas y se me ha vuelto a esfumar.
Doblo la esquina hacia la cabina en la que debería estar cuando... ¡boom! alguien choca de lleno contra mi pecho. Un olor a vainilla me da en la cara. Levanto la vista y ahí está, la maldita diosa encarnada.
"¿Y a dónde ibas otra vez?"
"Fui a hacerme la cera. Volvía a vestirme."
—¿Qué...?
Miro mis manos, que están algo "casualmente" reposando sobre su cintura, y solo entonces me doy cuenta… tengo los diez dedos incrustados en su piel desnuda.
—Y sí...
—¡Está completamente desnuda!
"Joder."
¿Y ahora qué carajos hago? La tengo exactamente donde quiero. Bastaría con empujarla hacia esa cabina y dejar que pase lo que tenga que pasar... pero.
"P.r.i.n.c.e.s.a..."
"¿Colton?"
"Dios, se siente tan bien tocarte."
"Creo que... eso lo dijiste en voz alta."
"Sí... creo que sí."
Cambio de postura, tratando disimuladamente de ajustar el evidente "problema" en mis pantalones. Pero ni de coña suelto su cintura. Es que literalmente siento mis dedos fundiéndose con su piel. No sé si es por el calor de su cuerpo o por la temperatura de la cama de bronceado atrás, pero me tiene que ardiendo.
Y en vez de soltarla...
Mi mano muy maldita decide seguir bajando, acariciando sus muslos hasta acabar agarrando ese trasero que me tiene mal desde el inicio.
"Joder, se siente mejor de lo que parece."
Y entonces.
Dios... ¿qué demonios estoy haciendo? ¿Tengo instinto suicida o qué? ¡Trinity Stone es territorio prohibido!
"¡Mierda, princesa! Te espero fuera."
"¿Y me vas a dejar así nada más?"
"Ehmm..."
…POV TRINITY…
¿Qué rayos fue eso? Tenía sus manos en mi cintura... y la verdad, retiro lo dicho, me da igual lo rudas que estén sus manos, quiero que me toque así otra vez... Luego.
Mi trasero... Dios, nunca había vibrado así. Esa sensación llegó justo al lugar más mojado de mi cuerpo, y sí, el culpable desaparece.
—Se fue
Así que regreso al cubículo a vestirme.
Cuando salgo, ni se atreve a mirarme a los ojos.
"¿Colton?"
"¿Sí, Trinity?"
¿Y la princesita qué?
"¿Estás enojado?"
"Eso no debió pasar, lo siento. No se repetirá."
"Pero..."
"No, Trinity. No trabajo así. No me acuesto con la hija del jefe."
"¿O sea que quieres acostarte conmigo?"
"Ugh..."
Gruñe mientras se sube al coche. Esta vez ni se molesta en abrirme la puerta.
Después de llevarme a recoger unas cosas que había encargado, finalmente volvemos a casa.
El clima sigue igual de nublado... y el ambiente en el auto está tal cual. Ni una palabra. Aunque lo pesco espiando mis piernas de vez en cuando. Y justo cuando paramos, se le escapa una mirada a mis labios.
—Sé que me desea
—Y sí... yo también lo quiero
Apenas entramos al garaje, baja del auto y me ayuda con mis cosas. Las deja en la cocina, se da la vuelta y se dispone a irse.
—Pero yo no lo dejo
"¿Puedes ayudarme a subir esto a mi cuarto?"
"Joder."
Toma las bolsas y con toda la pereza del mundo, me sigue escaleras arriba. Sé que me está mirando el trasero, así que, por si acaso, le meto ritmo.
"Zorrita."
"¿Qué dijiste?"
"Dije que esto pesa."
"Con esos brazos tuyos podrías cargarme a mí también."
"Créeme, princesa, contigo tengo suficiente."
Cuando llega a mi habitación, le muestro con cara de ángel dónde dejarlas, justo en la esquina más alejada. En cuanto entro, cierro la puerta de golpe y con decisión.
Veo cómo sus ojos se abren como platos y da pasos lentos hacia mí. Intenta apartarme para salir, pero yo me adelanto y le corto el paso.
"¿Qué haces, princesa?"
"Quiero que me beses, Colton."
"Yo..."
Lo veo sonreír con ese gesto canalla, y juro que el corazón se me salta del pecho. Siento sus manos rodearme la cintura, atrayéndome a él hasta no dejar ni un centímetro. Su torso desnudo roza mi piel caliente... siento un fuego dulce recorriéndome. Gimo bajito y él responde con un gruñido; su aliento me roza justo cuando sus labios están a un suspiro de los míos...
Y entonces.
¡La puerta se abre de golpe!
