CAPÍTULO UNO (1) Encuentro fatídico
Las bulliciosas calles de Manhattan siempre estaban llenas de vida, pero en esa fresca mañana de otoño, parecían palpitar con una dosis extra de energía. Emily Windsor salió de su apartamento, inhalando el aroma del café recién hecho que se filtraba desde la cafetería de abajo. Vivía para días como ese.
Mientras se apresuraba a encontrarse con Rachel para el brunch, la mente de Emily vagaba hacia sus próximos proyectos de planificación de eventos. Su teléfono vibró con un mensaje de texto de su asistente, y rápidamente escaneó el mensaje mientras navegaba por la acera abarrotada.
Fue entonces cuando sucedió.
Emily chocó con un extraño alto y apuesto.
Las disculpas llenaron el aire mientras ambos se inclinaban para recoger los papeles y pertenencias dispersos.
Sus ojos se encontraron.
El tiempo se detuvo.
La mirada de Emily se fijó en unos ojos azules penetrantes, enmarcados por rasgos cincelados y una mandíbula fuerte.
—Lo siento mucho— dijo Emily, con las mejillas sonrojadas.
El extraño sonrió, sus ojos se arrugaron en las comisuras.
—Soy Jack Harrington— dijo, su voz profunda enviando escalofríos por la espalda de Emily.
El corazón de Emily dio un vuelco.
Mientras se levantaban, sus manos se tocaron, provocando una conexión eléctrica.
—Emily Windsor— respondió ella, su voz apenas un susurro.
Su conversación fluyó sin esfuerzo, como si se conocieran desde hace años.
Al despedirse, Jack le pidió su número.
Emily dudó, pero algo en Jack la hizo sentir cómoda.
—Tal vez nos veamos por ahí— dijo, sonriendo.
Jack sonrió. —Cuenta con ello.
Emily observó a Jack desaparecer entre la multitud, sintiendo una inexplicable sensación de pérdida.
¿Qué acaba de pasar?
Sacudió el sentimiento y continuó hacia la cafetería.
Rachel levantó una ceja mientras Emily le contaba el encuentro.
—Parece el destino— dijo Rachel, sorbiendo su café.
Emily desestimó la idea.
—El destino no existe— dijo Emily con una risa.
Pero al salir de la cafetería, Emily no pudo sacudirse la sensación de que su vida acababa de cruzarse con alguien especial.
Poco sabía ella que su encuentro fortuito era solo el comienzo.
