Capítulo 2 Mejilla

—Lili, despierta. Vamos, Lili, despierta. 

Siento golpecitos suaves en mis mejillas. Abro los ojos con lentitud y miro a Carlos, al rector y a Anita. 

—¿Donde estoy? —inquiero. 

—En casa, ven, levántate. 

Carlos me ayuda a levantarme. 

—Carlos, soñé algo terrible. Bueno, no sé si es terrible porque en el sueño está Pabl... —las palabras se quedan en el aire al ver a los chicos sentados en el sofá. —... bellón —me retracté. 

—¿Que? —inquiere mi amigo. 

—No me hagas caso. 

—¿Está bien, señorita Benoist? Anita, tráele un poco de agua. 

—Estoy bien, estoy bien —me siento. 

—No puedo creer que estes aquí, Lili —se acerca Kory. 

—Si, tampoco yo —respondo. Okay, no quiero que Pablo piense que Kory es mi novio. Porque no somos novios. Mi vista cae en un chico apoyado en la pared de brazos cruzados, observando. Es alto, usa un pantalón de pijama y va sin camisa. Su cabello va despeinado, pero así se ve... 

Me tapan la vista. Elevo mi vista al ver a Kory. 

—No entiendo porqué estas aquí. 

—Escuchen todos —dice el rector. 

Anita llega y me da el vaso de agua. Tomo un trago. 

—Ella es Liliana Benoist y ahora será su nueva compañera de residencia. 

Silencio. 

—Tiene que ser una broma —dice el chico de antes. 

—JC, no empieces. No pasará nada. 

—Esta es una residencia de hombres, no hay mujeres, a menos que nosotros queramos. 

—Las demás residencias estaban llenas. Esta es la única que está vacía. 

—No me jodas, Richard —espeta, mientras se va. 

—Bueno, al parecer a JC no le caí tan bien que digamos —murmuré. 

—A JC nadie le cae bien. El es... complicado —dice Carlos. 

—Bueno, bienvenida, Lili —me dice Pablo... ¿que? ¡Pablo me habló! ¡Me habló! Me dio una mirada rápida con una media sonrisa y sube las escaleras. 

Quiero gritar de la emoción pero olvidé que aquí estaba Kory. Genial. Kory será un problema entre Pablo y yo. Veré cómo hago. 

Hablas como si Pablo te fuera a hacer caso, me dice mi conciencia. 

No pierdo la esperanza.

—Bueno, ya que todo quedó bien por aquí, yo me retiro. Nos vemos el lunes, señorita Benoist. Carlos, cuídala. 

—Gracias —le digo al rector. Este sale por la puerta seguido de Anita. 

Ahora solo estamos... esperen, había olvidado a alguien por completo.

Arturo. 

—Bienvenida, Lili. Nos vamos a llevar muy bien —me guiña un ojo y se va para el segundo piso. Lo escuche reír, pero no sé si de mi o qué onda. 

Maldito. 

¡Agh, como lo odio! 

—No puedo creer que esto esté pasando. Como es que... todos ustedes están juntos. —los veo. 

—.Hubieron votaciones y... nos eligieron a nosotros como... —Carlos no sabía cómo decir, así que recuerdo como los llamó Anita hace un rato. 

—Los chicos dorados —termino la frase. 

—Sí, y como todos venimos del mismo distrito...

¿Que es esto? ¿Los juegos del hambre? 

—... nos juntaron. 

—¿Que hay de ese chico JC? —me nació preguntar, no sé porqué. 

—Sí, Lili, vivía cerca de nuestra calle. No entiendo porqué no lo recuerdas. Aunque, como JC tiene 22 y cuando él estaba en la preparatoria tú estabas en secundaria, seguro por eso no lo conocías. Vivía por mi casa. 

—Bueno, no sé y ni me interesa, quedó clarísimo que no me quiere ver por aquí, siendo sincera yo tampoco quiero verlo por... aquí. —patética, esta es su residencia, y si quisiera te echaba de una—. Bueno, como sea. Solo quiero ir a la que será mi habitación. 

—Te llevo —me dice Kory. 

—Emm, Carlos me va a llevar, él me dijo —le digo. 

—Bueno, está bien. Me alegra que estemos juntos ahora. 

Tragué grueso. 

—Si, claro. 

Carlos lleva una maleta y yo llevo la otra, subimos las escaleras hasta el segundo piso. 

—Esto no parece real —se ríe mi amigo. 

—Dímelo a mi. 

—Estad bajo el mismo techo de Pablo, tu crush, de Kory, tu novio, y de Arturo, tu pesadilla. 

—Y contigo, mi mejor amigo. Kory no es mi novio. Lo que no me gusta es tener que estar con Arturo. No me gusta para nada. 

—Me imagino. Después de todo lo que te hizo, no te culpo. 

Siento una opresión en el pecho. 

Arturo fue mi amor desde los diez años. Era el niño más lindo. Fue mi primer beso. Todos sabían que éramos Arturo y Liliana. Pero todos también sabían que él hablaba de mí a mis espaldas y que se iba con otras chicas. Arturo fue lo más tóxico que pude tener. Cada que me buscaba yo iba como tonta. Si él estaba con alguien me buscaba, si yo estaba con alguien me buscaba. Y a mi me encantaba. Lo admito. Pero me harté. Me harté de ser su juguete. 

—Qué descarado se escuchó eso de "binbinida, Lili,  nis vimis i llivir miy bien". ¿Ya se le olvidó todo lo que me hizo? Casi diez años, Carlos, casi diez años enamorados de ese patán. 

Llegamos a una puerta, Carlos la abre y nos adentramos a la habitación. Es amplia, grande, tiene su propio baño y una ventana al jardín. 

Esté perfecto para mi. En la ventana, cerca, hay como un espacio con un colchón pequeño, bastante bonito para acostarse o sentarse a leer cerca de la ventana. Me encanta. 

Dejamos las maletas en el piso. 

—No le pongas mucha mente, Lili, Arturo es... no sé, le gustan todas las mujeres. 

—Ya se olvidó que tiene dos hijas recién nacidas. —comenté. Sip, Arturo ya es papá. Al igual que mi amigo. 

—¿Como está mi sobrino? —inquiero. 

—Bien, bastante bien. Lo extraño como no tienes idea, pero necesito estudiar para darle un mejor futuro. Mañana voy a ir a verlo, vuelvo el domingo por la tarde. 

—Qué genial. —oh, oh, pero me dejará sola. 

—Te dejo para que arregles tus cosas. 

—Carlos, —lo llamo. Una idea pasa por mi cabeza. 

—Conozco esa mirada. 

—¿Que tal si nos vamos a bañar en la piscina? —le ruego—, di que si, no sabes todo lo que me pasó en el camino. Estoy sudada, llena de polvo y barro. Mi pelo parece nido de pájaro y creo que me huele el aliento. 

Carlos se ríe. 

—Ya me había dado cuenta. 

—¿Eso es un si? —pongo mi menor cara de rogacion. 

—Bien, vamos, minina. 

—¡Yey! Me cambio y te veo en la piscina. 

—No tardes. 

—No. 

Carlos sale. 

Abro mi maleta, me quito la ropa, solo me quedo en ropa interior, busco una de mis camisas y me la pongo. Me gusta comprar camisas de hombre porque me quedan largas, como vestidos y se me ven bien. Me veo en el espejo para después salir tirada sin zapatos al pasillo, pero mi cuerpo choca con el de alguien más. 

Genial. 

JC. 

—Perdona, no me fijé. 

Lleva un cepillo de dientes en la boca, lo saca y se adentra en la puerta de la par sin decirme nada. Agh, no sé qué le hice a este chico para que me odie. 

Pero bueno, la vida sigue. 

Corro por los pasillos, bajo las escaleras y me voy al patio trasero. Carlos está allí, haciendo algunos estiramientos de espalda. Sonrió por lo que voy a hacer sin que se de cuenta. Avanzo sigilosamente hacia él y me le engancho en la espalda. 

—¡Te tengo! —exclamo. 

—¿Lista para el salto mortal? 

—¡Nací, lista, muchacho!

Carlos retrocede, luego corre y salta a la piscina conmigo en su espalda. El agua está medio caliente porque el sol le da fuerte, pero está rica. Genial. Cuando salimos a la superficie estallamos en carcajadas. Esto está genial. 

—Qué bien que olvidaron poner mi nombre en la lista para las residencias, no me estuviera divirtiendo como ahora, de seguro. 

—Me alegra tenerte aquí, minina. —Carlos toma mi cabeza y me hunde al agua, luego salgo y hago lo mismo con la de él. 

Hubo un momento en que volteé a ver en el piso de arriba, en donde estaba segura de que ese chico malhumorado, JC,  nos observaba. 

JC es oscuro y me da un poco de miedo. 

Hay algo en él que me atrae. 

Pero no sé si me tiene que dar miedo o qué. 

Porque sé que JC tiene algo oscuro y malo escondido en alguna parte.

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