Capítulo 6 Momentos
Lili
Hay momentos en los que debería escuchar a mi sentido común.
Este es uno de ellos.
Pero mi sentido común y yo nunca hemos tenido una relación particularmente buena.
—Jennifer vino por mí —murmuro.
Miro hacia donde se fue JC.
—¿Y qué se supone que significa eso?
—Lili.
Me sobresalto.
Kory aparece a mi lado con dos vasos.
—¿Estás bien?
—Sí.
—No pareces.
—Estoy bien.
—Otra vez estás mintiendo.
Tomo uno de los vasos.
—Gracias.
Kory no aparta la mirada de mí.
—¿Qué te dijo JC?
—Nada.
—Lili.
—Solo me dijo que tuviera cuidado.
Kory frunce el ceño.
—¿Con Jennifer?
Asiento.
—¿Por qué?
—No lo sé.
—Entonces hay que preguntarle.
—No.
—¿Por qué?
—Porque si le pregunto probablemente terminará diciéndome que no es asunto mío.
Kory sonríe.
—Eso suena exactamente a él.
Doy un sorbo a mi bebida.
La casa está llena.
Mucho más de lo que imaginé.
Personas sentadas en los sofás, otras bailando, algunas en el jardín y otras subiendo las escaleras.
No entiendo cómo pueden organizar una fiesta así y esperar que la casa sobreviva.
—¿Esto pasa todos los viernes?
—Más o menos —responde Kory.
—¿Y los vecinos no se quejan?
—A veces.
—¿Y qué hacen ustedes?
—Ignorarlos.
—Genial.
—Bienvenida a GoodBoys.
Me río.
Por un momento olvido la advertencia de JC.
Hasta que la veo.
Jennifer está al otro lado de la sala.
Me observa.
No está hablando con nadie.
Solo me mira.
Y sonríe.
Una sonrisa que conozco demasiado bien.
—No me gusta esa cara —murmuro.
Kory sigue mi mirada.
—¿Qué cara?
—La de Jennifer.
—Ah.
—¿La conoces?
—Todo el mundo la conoce.
—¿Y?
—No te preocupes.
—Eso me dicen todos.
—Porque estás paranoica.
—No estoy paranoica.
—Un poco.
Jennifer comienza a caminar hacia nosotros.
Kory se endereza.
—Voy a quedarme aquí.
—Gracias.
Ella se detiene frente a mí.
—Liliana.
—Jennifer.
—Qué bonito vestido.
—Gracias.
—No sabía que tenías uno.
Sonrío.
—Ahora lo sabes.
Kory suelta una pequeña risa.
Jennifer lo mira.
—Kory.
—Jennifer.
—¿Todavía juntos?
Silencio.
Miro a Kory.
Él me mira.
—No sé —responde.
Jennifer sonríe.
—Qué triste.
—¿Por qué? —pregunto.
—Porque pensé que ya habías aprendido.
Mi sonrisa desaparece.
—¿Aprendido qué?
—A no meterte donde no te corresponde.
Kory da un paso adelante.
—No empieces.
Jennifer levanta las manos.
—Solo estoy hablando.
—Pues deja de hacerlo.
Ella me mira.
—Nos vemos luego.
Se marcha.
La sigo con la mirada.
—¿Qué fue eso?
Kory niega con la cabeza.
—Nada.
—No fue nada.
—No importa.
—Sí importa.
—Lili.
—¿Qué?
—No le des lo que quiere.
—¿Y qué quiere?
—Que reacciones.
—Todos dicen eso.
—Porque es verdad.
Respiro profundo.
—Está bien.
Me doy la vuelta.
Y entonces veo a Pablo.
Está junto a la puerta del patio.
Me mira.
No sé cuánto tiempo lleva haciéndolo.
Cuando nuestros ojos se encuentran, sonríe.
Yo sonrío también.
Kory lo nota.
No dice nada.
Y eso me hace sentir peor.
Una hora después, la fiesta está completamente descontrolada.
La música está más alta.
Hay más gente.
Alguien está bailando sobre la mesa.
Carlos definitivamente va a matarnos cuando vuelva.
O quizá yo voy a matar a alguien antes.
Estoy sentada junto a la piscina con Kory.
—Esto es divertido —digo.
—Te lo dije.
—No pensé que tanto.
—¿Quieres bailar?
—No sé.
—¿Por qué?
—No soy buena.
—Yo tampoco.
—Entonces será vergonzoso.
—Exactamente.
Me levanto.
Kory toma mi mano.
Vamos hacia la música.
Empiezo a moverme.
Al principio estoy rígida.
Después me relajo.
Kory se acerca.
—¿Ves?
—¿Qué?
—Sí sabes bailar.
—Te dije que no.
—Estás mintiendo.
Me río.
Entonces siento una mirada.
Levanto la vista.
Pablo.
Está en la puerta.
Nos observa.
Y no parece particularmente feliz.
Mi corazón hace una cosa estúpida.
Kory se acerca más.
—¿Todo bien?
—Sí.
—¿Segura?
—Sí.
—Entonces sigue bailando.
Lo hago.
Pero ahora soy demasiado consciente de que Pablo está mirando.
¿Por qué me importa?
No debería.
La música cambia.
Kory me hace girar.
Me río.
Y cuando termino el giro, choco con alguien.
—Lo siento.
Levanto la vista.
Arturo.
—Hola.
—Hola.
—¿Estás disfrutando?
—Sí.
—Me alegra.
—¿Qué quieres?
—Nada.
—Entonces...
—Solo quería bailar contigo.
—No.
—¿Por qué?
—Porque no.
—¿Te da miedo?
—No.
—Entonces baila.
—Arturo.
—Vamos, Lili.
Me extiende la mano.
No la tomo.
—No quiero.
Su sonrisa se borra.
—Sigues siendo difícil.
—Y tú sigues sin entender un no.
Kory se pone a mi lado.
—Dijo que no.
Arturo lo mira.
—No te estaba hablando.
—Pero yo sí te estoy hablando.
La tensión aumenta.
—Chicos —digo.
Arturo se ríe.
—¿Ahora tienes guardaespaldas?
—No.
—Entonces que se aparte.
—No.
Pablo aparece.
—¿Hay algún problema?
Arturo lo mira.
—Ninguno.
—Entonces deja de molestarla.
Arturo suelta una carcajada.
—Vaya.
—¿Qué? —pregunta Pablo.
—Nada.
Arturo se aleja.
Kory suspira.
—Esto va a terminar mal.
—¿Qué cosa?
—Todo.
Me voy hacia la cocina.
Necesito respirar.
Abro el refrigerador y tomo una botella de agua.
—¿Estás bien?
Me giro.
Pablo.
—Sí.
—No parece.
—Estoy cansada.
—¿De Arturo?
—También.
Pablo se apoya en la encimera.
—No tienes que aguantarlo.
—Lo sé.
—Entonces no lo hagas.
—No es tan fácil.
—¿Por qué?
Lo miro.
—Porque estuvo en mi vida durante muchos años.
—Eso no significa que tenga derecho a seguir ahí.
Me quedo callada.
—Tienes razón.
Pablo sonríe.
—Me gusta cuando admites que tengo razón.
—No te acostumbres.
—Demasiado tarde.
Nos quedamos mirándonos.
Hay algo extraño en el aire.
Algo que no sé explicar.
—Pablo...
—¿Sí?
—¿Por qué estás aquí?
—¿En la cocina?
—No.
Me río nerviosamente.
—En la fiesta.
—Porque vivo aquí.
—Sabes lo que quiero decir.
Él baja la mirada.
—Porque quería verte.
Mi corazón se detiene.
—¿A mí?
—Sí.
—¿Por qué?
Pablo se acerca un poco.
—Porque eres mi amiga.
Amiga.
Claro.
¿Qué esperaba?
—Ah.
—¿Qué?
—Nada.
Sonríe.
—Lili.
—¿Sí?
—No pongas esa cara.
—¿Cuál?
—La de decepción.
—No estoy decepcionada.
—Sí lo estás.
—No.
—Un poco.
Me río.
—Tal vez.
Pablo se acerca un paso más.
—Entonces quizá debería decirte otra cosa.
Lo miro.
—¿Qué?
Antes de que responda, alguien grita desde la sala.
—¡SE ESTÁN PELEANDO!
Pablo cierra los ojos.
—Perfecto.
Salimos corriendo.
La gente se ha apartado.
En medio de la sala están Arturo y otro chico.
Pero no es cualquier pelea.
Es JC.
—¡JC! —grito.
Está sujetando al chico por la camiseta.
—¡Suéltalo!
—¡JC! —grita Pablo.
JC lo suelta.
El chico retrocede.
Tiene sangre en la nariz.
La música se detiene.
Todo queda en silencio.
JC respira con dificultad.
Sus nudillos están otra vez heridos.
—¿Qué pasó? —pregunto.
—Nada.
—¡No me digas nada!
JC me mira.
—Vete.
—No.
—Lili.
—No.
—No te metas.
—Ya estoy metida.
Él aprieta la mandíbula.
—Vete.
—No.
Pablo se acerca.
—JC, cálmate.
—Estoy calmado.
—No lo estás.
JC lo mira.
—No me digas cómo estoy.
Arturo interviene.
—Siempre igual.
JC gira la cabeza.
—¿Qué dijiste?
—Que siempre haces lo mismo.
—Arturo.
—¿Qué?
—Cállate.
Arturo sonríe.
—¿O qué?
JC avanza.
Yo me pongo en medio.
—¡Ya!
Los dos se quedan quietos.
—¿Qué demonios les pasa?
Nadie responde.
—¿No pueden pasar una noche sin pelear?
JC me mira.
—No sabes lo que pasó.
—Entonces dime.
—No.
—¡Siempre haces eso!
—Porque no es asunto tuyo.
—¡Pues deja de meterte en problemas delante de mí!
Él me observa.
Por un instante, su expresión cambia.
—No entiendes.
—Entonces explícame.
—No puedo.
—¿Por qué?
—Porque si sabes demasiado, terminarás involucrada.
Me quedo callada.
—¿Involucrada en qué?
JC no responde.
Mira hacia la puerta.
Y entonces veo a Jennifer.
Está allí.
Observándolo.
JC la ve también.
Su expresión se endurece.
—Tú.
Jennifer sonríe.
—Hola, JC.
Algo pasa.
No sé qué.
Pero lo siento.
—¿Se conocen? —pregunto.
JC no responde.
Jennifer sí.
—Nos conocemos bastante.
—¿De qué?
—Eso deberías preguntárselo a él.
JC se acerca.
—No empieces.
—Yo no hice nada.
—¿Qué quieres?
Jennifer mira alrededor.
—Solo vine a divertirme.
—Mentira.
—¿Por qué no le preguntas a Lili?
Mi corazón se acelera.
—¿Qué tengo que ver yo?
Jennifer sonríe.
—Mucho.
JC se coloca delante de mí.
—Vete.
—No puedes protegerla siempre.
—No necesito protegerla.
Jennifer ríe.
—Claro.
Pablo se acerca.
—¿Qué está pasando?
Jennifer lo mira.
—Nada que te importe.
—Entonces déjala tranquila.
Jennifer lo observa unos segundos.
Después sonríe.
—Esto se está poniendo interesante.
Se marcha.
Yo miro a JC.
—¿Qué sabe?
—Nada.
—Mientes.
—Lili...
—¡Dime!
—No.
—¡¿Por qué todos me ocultan cosas?!
JC baja la voz.
—Porque no queremos que te pase nada.
Eso me deja sin palabras.
—¿Qué podría pasarme?
Él no responde.
Se da la vuelta y sube las escaleras.
La fiesta continúa, pero para mí terminó.
Subo a mi habitación.
Me siento en la cama.
No entiendo nada.
Jennifer.
JC.
El pasado.
¿Por qué todos parecen saber algo menos yo?
Un golpe en la puerta.
—Pasa.
Kory entra.
—¿Estás bien?
—No.
Se sienta junto a mí.
—¿Quieres hablar?
—Sí.
Le cuento todo.
La conversación con JC.
La forma en que Jennifer lo miró.
La pelea.
Todo.
Kory escucha.
Cuando termino, se queda en silencio.
—Tú sabes algo.
No responde.
—Kory.
—Hay cosas que no puedo contarte.
—¿Por qué?
—Porque no me corresponde.
—¿Qué le pasó a JC?
Kory suspira.
—Lili, déjalo.
—No.
—Por favor.
—No.
—Te estoy diciendo que es mejor así.
—¿Es peligroso?
Kory me mira.
—No como crees.
—Entonces, ¿qué?
—Tiene enemigos.
—¿Jennifer?
—Entre otros.
Siento un escalofrío.
—¿Por qué?
—No puedo.
—Todos dicen eso.
—Porque es complicado.
—Estoy empezando a odiar esa palabra.
Kory sonríe.
—Lo siento.
—¿Tú confías en él?
Kory piensa.
—Sí.
—Entonces yo también.
Kory me mira.
—No funciona así.
—Para mí sí.
—Lili...
—¿Qué?
—Ten cuidado.
Asiento.
Kory se pone de pie.
Antes de salir, se detiene.
—Y una cosa más.
—¿Sí?
—No confíes en Jennifer.
—Eso ya lo sé.
—No.
Me mira fijamente.
—No tienes idea de cuánto.
Sale.
Me quedo sola.
Otra vez.
Me levanto para cerrar la puerta.
Cuando estoy a punto de hacerlo, escucho voces abajo.
Reconozco la de Jennifer.
Y la de JC.
Bajo lentamente.
No quiero escuchar.
Pero escucho.
—¿Todavía sigues fingiendo que no pasó?
—Vete.
—No puedes esconderlo para siempre.
—Cállate.
—¿Ella sabe quién soy?
Silencio.
—No.
—¿Y qué pasará cuando lo descubra?
—No la metas en esto.
—Ya está metida.
—Por tu culpa.
—Por la tuya.
Me quedo paralizada.
Jennifer continúa:
—¿Sabes qué es lo más divertido?
—¿Qué?
—Que ella ni siquiera sabe por qué la mandaron a esta residencia.
Siento que se me hiela la sangre.
¿Qué?
¿Mandaron?
¿No fue un error?
Doy un paso atrás.
El suelo cruje.
Silencio.
Las voces se detienen.
Me doy la vuelta y corro escaleras arriba.
Entro en mi habitación y cierro la puerta.
Mi corazón late como loco.
No fue un error.
Eso fue lo que dijo Jennifer.
Entonces...
¿Por qué estoy aquí?
Me siento en la cama.
Recuerdo las palabras del rector.
"Todas las residencias están llenas."
"La casa GoodBoys es la única que tiene una habitación disponible."
"Es la única opción."
Pero...
¿Y si no fue casualidad?
¿Y si alguien decidió que yo tenía que estar aquí?
Un escalofrío recorre mi espalda.
Y por primera vez desde que llegué a GoodBoys, no me preocupa Arturo.
Ni Kory.
Ni Pablo.
Ni siquiera JC.
Me preocupa una sola cosa.
¿Quién decidió ponerme aquí?
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