Capítulo 7 Error
No fue un error
Lili
No dormí.
Ni un solo minuto.
Me quedé sentada en mi cama, mirando la puerta como si en cualquier momento alguien fuera a entrar y explicarme qué demonios estaba pasando.
Pero nadie entró.
La fiesta terminó cerca de las tres de la mañana.
Escuché pasos.
Risas.
Puertas cerrándose.
Alguien cayéndose por las escaleras.
Probablemente Arturo.
Después, silencio.
Y yo seguía despierta.
"No fue un error."
Las palabras de Jennifer se repetían en mi cabeza una y otra vez.
"No tienes idea de por qué te mandaron a esta residencia."
¿Quién me mandó?
¿Por qué?
¿Y qué tiene que ver JC?
Me levanto de la cama.
Camino hasta el espejo.
Tengo el cabello hecho un desastre y unas ojeras horribles.
—Excelente, Lili.
Me dejo caer otra vez sobre la cama.
Quizá escuché mal.
Quizá Jennifer estaba intentando asustarme.
Eso tiene más sentido.
Después de todo, ella siempre ha querido hacerme sentir mal.
Seguramente sabía que acababa de llegar y quería aprovecharse.
Sí.
Eso debe ser.
Me repito eso durante varios minutos.
Hasta que escucho unos golpes.
Tres.
Pausa.
Dos más.
Me levanto.
—¿Quién?
Silencio.
Abro la puerta.
No hay nadie.
Frunzo el ceño.
Miro hacia ambos lados.
El pasillo está vacío.
Entonces veo algo en el suelo.
Un sobre.
Blanco.
Sin nombre.
Lo recojo.
Mi corazón comienza a latir más rápido.
Lo abro.
Dentro hay una hoja doblada.
La saco.
Solo hay una frase.
"No confíes en nadie de GoodBoys."
Me quedo helada.
—¿Qué...?
Miro hacia el pasillo.
Nada.
Vuelvo a leer.
No hay firma.
No hay explicación.
Nada.
Entro rápidamente a mi habitación y cierro la puerta.
Me siento en la cama.
¿Quién dejó esto?
¿Jennifer?
¿JC?
¿Alguno de los otros?
No sé.
Guardo el papel debajo de mi almohada.
No voy a decirle a nadie.
Todavía no.
Primero quiero entender qué está pasando.
A las nueve de la mañana escucho la puerta de mi habitación abrirse.
—Lili.
Me tapo la cara con la almohada.
—No estoy.
Carlos se ríe.
—Muy convincente.
Me quita la almohada.
—¡Oye!
—¿Dormiste?
—No.
—¿Por qué?
—Porque hubo una fiesta.
—La fiesta terminó hace horas.
—Eso no significa que yo haya dormido.
Carlos se sienta en el borde de la cama.
—¿Todo bien?
Lo miro.
Tengo que decirle.
Es mi mejor amigo.
Si hay alguien en quien puedo confiar, es él.
Abro la boca.
Pero entonces recuerdo el papel.
"No confíes en nadie de GoodBoys."
Carlos vive aquí.
Eso no significa que no pueda confiar en él.
¿Verdad?
—Lili.
—Estoy bien.
—Mientes.
—No.
—Sí.
—Carlos...
—Te conozco.
Suspiro.
—Solo estoy cansada.
Me observa.
—¿Seguro?
—Sí.
—Bueno.
Se pone de pie.
—Tengo que irme.
—¿Ya?
—Sí. Tengo que ver a mi hijo.
—Claro.
—Regreso mañana.
—Está bien.
Me abraza.
—Cuídate.
—Tú también.
—Y no hagas locuras.
—No prometo nada.
—Eso me preocupa.
Se va.
Cierro los ojos.
No puedo creer que casi se lo dije.
Bajo a la cocina.
Pablo está preparando café.
—Buenos días.
—Buenos días.
—¿Dormiste?
—Poco.
—Yo tampoco.
—¿Por la fiesta?
—No.
Lo miro.
—¿Por qué?
—Pensaba.
—¿En qué?
—En ti.
Mi corazón se detiene.
—¿En mí?
—Sí.
—¿Por qué?
Pablo deja la taza sobre la mesa.
—Porque ayer te vi hablando con JC.
—¿Y?
—No me gusta.
Frunzo el ceño.
—¿Por qué?
—Porque no sé qué quiere.
—No quiere nada.
—¿Estás segura?
—Sí.
—Lili...
—Pablo, apenas hablamos.
—Él no habla con nadie.
—Conmigo sí.
—Exactamente.
—¿Qué significa eso?
—No lo sé.
Se acerca.
—Y eso es lo que me preocupa.
—¿Estás celoso?
Pablo se queda callado.
Yo abro los ojos.
—¿Estás celoso?
—No.
—Sí.
—No.
—Pablo.
—Lili.
Sonríe.
—No estoy celoso.
—Mentiroso.
—Tal vez un poco.
Mi corazón vuelve a hacer una pirueta.
—¿Por qué?
Pablo me mira directamente.
—Porque me gustas.
Silencio.
Creo que dejo de respirar.
—¿Qué?
—Me gustas.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace bastante.
—¿Bastante cuánto?
—No sé.
—¿Años?
Sonríe.
—Quizá.
No puedo creerlo.
Mi crush.
Mi maldito crush.
Me está diciendo que le gusto.
—¿Por qué nunca dijiste nada?
—Porque tú estabas con Arturo.
—Eso fue hace mucho.
—Y después estabas saliendo con Kory.
—No somos novios.
—Lo sé.
—Entonces...
Pablo se acerca.
—Entonces quería esperar.
—¿A qué?
—A que estuvieras segura de lo que querías.
No sé qué responder.
Porque ahora mismo sé exactamente lo que quiero.
Pero antes de que pueda decirlo, alguien entra.
Arturo.
—Vaya.
Pablo se aleja.
Arturo sonríe.
—Interrumpo.
—Sí —respondo.
—Entonces me voy.
Arturo toma una taza.
—No, quédense.
Pablo lo mira.
—No estamos haciendo nada.
—Claro.
Yo pongo los ojos en blanco.
—Arturo, por favor.
—¿Qué?
—No arruines esto.
Él me mira.
—¿Esto qué es?
—Nada que te importe.
—Todo lo que tenga que ver contigo me importa.
—Pues deja de hacerlo.
Arturo sonríe.
—Eso nunca va a pasar.
Pablo se tensa.
—No empieces.
Arturo lo mira.
—¿Tú qué eres? ¿Su novio?
—No.
—Entonces no te metas.
—Ya basta —digo.
Tomo mi taza.
—Me voy.
Subo las escaleras.
Pero antes de llegar al segundo piso, escucho a Arturo decir:
—Ella todavía siente algo por mí.
Me detengo.
Pablo responde:
—Eso lo dices tú.
—Lo sé.
—Pues estás equivocado.
—Ya veremos.
Aprieto los puños.
Maldito.
Paso la mañana encerrada en mi habitación.
No quiero ver a Arturo.
Ni a Kory.
Ni a nadie.
Pero hay una persona a la que necesito ver.
JC.
Y no porque me guste.
Bueno...
Quizá un poquito.
Pero principalmente porque necesito respuestas.
Salgo de mi habitación.
Su puerta está cerrada.
Toco.
Nada.
Toco otra vez.
—JC.
—¿Qué?
—Necesito hablar contigo.
—No.
—No te estoy preguntando.
Silencio.
—Lili.
—Abre.
La puerta se abre.
JC está frente a mí.
—¿Qué quieres?
Saco el papel de mi bolsillo.
—Esto estaba debajo de mi puerta.
Lo lee.
Su expresión cambia.
—¿Quién te lo dio?
—No lo sé.
—¿Cuándo?
—Esta mañana.
—¿Alguien te vio recogerlo?
—No.
—¿Se lo enseñaste a alguien?
—No.
—Bien.
—¿"Bien"?
Me mira.
—¿Qué quieres saber?
—Todo.
—No puedo.
—Sí puedes.
—No.
—Jennifer dijo que no fue un error que yo terminara aquí.
JC guarda silencio.
—¿Es verdad?
No responde.
—JC.
—No lo sé.
—Estás mintiendo.
—No estoy mintiendo.
—Entonces dime la verdad.
—La verdad es que no sé por qué te mandaron aquí.
—¿Pero sabes algo?
—Sí.
Mi corazón se acelera.
—¿Qué?
—Que alguien pidió específicamente que vinieras.
Me quedo helada.
—¿Quién?
—No lo sé.
—¿Cómo que no lo sabes?
—Lo escuché.
—¿A quién?
—A Richard.
El rector.
—¿Qué dijo?
JC duda.
—Que necesitaban llenar una habitación.
—Eso no significa nada.
—También dijo que era importante que fueras tú.
Siento un nudo en el estómago.
—¿Por qué?
—No lo sé.
—¿Entonces por qué Jennifer dice que sí?
—Porque Jennifer sabe más de lo que debería.
—¿Y tú?
—Yo también.
—Entonces dime.
JC me mira.
—No puedo.
—¿Por qué?
—Porque todavía no sé en quién confiar.
Me quedo callada.
—¿Ni siquiera en mí?
JC baja la mirada.
—Especialmente en ti.
—¿Qué significa eso?
—Que eres la única persona aquí que no sabe nada.
—¿Y eso es malo?
—Podría serlo.
Me cruzo de brazos.
—Entonces explícame.
—No.
—¡Eres desesperante!
—Lo sé.
Me doy la vuelta.
—Olvídalo.
—Lili.
Me detengo.
—¿Qué?
—No confíes en Arturo.
Me giro.
—¿Qué tiene que ver él?
—Más de lo que crees.
—¿Qué sabes de Arturo?
—Nada bueno.
—¿Por qué?
JC se acerca.
—Porque cuando llegaste ayer, él fue el primero que preguntó cuánto tiempo te quedarías.
Frunzo el ceño.
—¿Y?
—Eso no es normal.
—Tal vez solo quería saber.
—No.
—¿Entonces?
JC me mira.
—Porque él sabía que ibas a venir.
Siento que el suelo desaparece bajo mis pies.
—¿Qué?
—Antes de que llegaras, Arturo recibió una llamada.
—¿De quién?
—No lo sé.
—¿Y qué dijo?
—Solo escuché una parte.
—¿Cuál?
JC guarda silencio.
—Dime.
—"Ella finalmente viene."
Mi corazón late con fuerza.
—¿Ella?
Asiente.
—¿Estás seguro?
—Sí.
—¿Y estás seguro de que hablaba de mí?
—No.
Silencio.
—Pero creo que sí.
Salgo de su habitación.
Necesito aire.
Bajo las escaleras.
Arturo está en la sala.
Me detengo.
Él me mira.
—¿Qué pasa?
—¿Tú sabías que yo venía?
Su expresión cambia.
Solo un poco.
Pero lo noto.
—¿De qué hablas?
—¿Sabías que yo venía?
—No.
—Mientes.
—¿Quién te dijo eso?
—Responde.
—Lili...
—¡Responde!
Arturo se pone de pie.
—No sabía que vendrías.
—¿Seguro?
—Sí.
—¿Nunca recibiste una llamada?
—Muchas.
—Una que decía "ella finalmente viene".
Silencio.
Ahí está.
La respuesta.
Su rostro cambia completamente.
—¿Quién te dijo eso?
—Eso no importa.
—Sí importa.
—Entonces dime la verdad.
Arturo se acerca.
—No sabes lo que estás preguntando.
—Pues explícame.
—No.
—¡¿Por qué?!
—Porque no quiero que vuelvas a salir lastimada.
Me quedo quieta.
—¿Qué?
Arturo suspira.
—Hay cosas que hice mal.
—Eso ya lo sé.
—Pero hay cosas que no sabes.
—Entonces dime.
—No puedo.
—¿Por qué todos dicen lo mismo?
—Porque algunas cosas no pueden decirse.
—¡Estoy harta!
Me doy la vuelta.
Arturo me toma del brazo.
—Lili.
—Suéltame.
—Escúchame.
—No.
—Por favor.
Me quedo quieta.
—¿Qué?
Su expresión cambia.
Por primera vez desde que lo vi ayer, parece realmente preocupado.
—Si alguien te pregunta por tu familia, no respondas.
Frunzo el ceño.
—¿Por qué?
—Solo hazlo.
—Arturo...
—Prométemelo.
—No.
—Lili.
—No puedo prometerte algo que no entiendo.
Arturo suelta mi brazo.
—Entonces ten cuidado.
Se marcha.
Me quedo completamente confundida.
Por la tarde intento hacer como si nada.
Voy a la cocina.
Preparo un sándwich.
Me siento.
Kory aparece.
—Hola.
—Hola.
—¿Todo bien?
—No.
—¿Qué pasó?
—Estoy descubriendo demasiadas cosas.
Kory se sienta.
—¿Qué cosas?
—Que posiblemente no fue un error que terminara aquí.
Kory se queda quieto.
—¿Quién te dijo eso?
—Jennifer.
—Ah.
—Y JC.
Kory mira hacia otro lado.
—¿Tú sabías?
—No.
—Kory.
—No sabía.
—Pero sospechabas.
Silencio.
—Tal vez.
—¿Por qué?
—Porque antes de que llegaras, Richard recibió una llamada.
—¿De quién?
—No lo sé.
—¿Y qué dijo?
—Que tenían que hacer espacio para una persona.
—¿Para mí?
—No dijo tu nombre.
—Pero era yo.
Kory no responde.
—¿Por qué?
—No sé.
—Todos saben algo.
—No todos.
—¿Quién no?
Kory me mira.
—Pablo.
Me quedo pensando.
—¿Y JC?
—JC sabe demasiado.
—¿Y Arturo?
Kory suspira.
—Arturo sabe más de lo que dice.
—Eso pensé.
—Lili.
—¿Sí?
—No investigues sola.
—¿Por qué?
—Porque no sabes con quién estás tratando.
—¿Y tú sí?
—No.
Eso me preocupa todavía más.
Esa noche no hay fiesta.
La casa está tranquila.
Demasiado tranquila.
Estoy en mi habitación cuando escucho un ruido en la ventana.
Me levanto.
Miro afuera.
Nada.
Abro la ventana.
El jardín está oscuro.
Entonces algo cae al suelo.
Una pequeña piedra.
Atada a ella hay otra nota.
La recojo.
Esta vez solo dice:
"Pregúntale a Arturo por el verano de hace cuatro años."
Siento un escalofrío.
¿Qué pasó hace cuatro años?
Guardo la nota.
Salgo de mi habitación.
Voy hasta la puerta de Arturo.
Toco.
No responde.
Toco otra vez.
—Arturo.
Nada.
Abro lentamente.
Está vacío.
Pero sobre su escritorio hay una caja.
La misma clase de caja que vi en la habitación de JC.
No debería tocarla.
No debería.
Pero la abro.
Dentro hay fotografías.
Muchas.
Y entre ellas...
una fotografía mía.
Tengo unos catorce años.
Estoy sentada en un banco.
A mi lado está Arturo.
Pero no estamos solos.
Hay alguien más.
Un hombre.
Un hombre que conozco.
Mi padre.
Me quedo helada.
Mi padre murió cuando yo tenía quince años.
Y en la parte posterior de la fotografía hay una fecha.
Hace cuatro años.
Y una frase escrita con tinta negra:
"El acuerdo sigue en pie."
Siento que se me corta la respiración.
—¿Qué demonios...?
—¿Qué haces en mi habitación?
Me giro.
Arturo está en la puerta.
Su rostro cambia al ver la fotografía en mis manos.
—Lili.
—¿Qué es esto?
No responde.
—¿Qué acuerdo?
Silencio.
—¡¿Qué acuerdo, Arturo?!
Él cierra la puerta detrás de sí.
Y por primera vez desde que lo conozco...
Arturo parece tener miedo.
—No debiste encontrar eso.
—¿Por qué?
Se acerca lentamente.
—Porque ahora van a saber que tú también lo sabes.
Mi corazón se acelera.
—¿Quiénes?
Arturo mira hacia la ventana.
—Las personas que hicieron que llegaras aquí.
Y entonces escuchamos un ruido afuera.
Un auto.
Se detiene frente a la casa.
Arturo mira por la ventana.
Su rostro pierde todo el color.
—No.
—¿Qué pasa?
—Tienes que esconderte.
—¿Qué?
—Ahora, Lili.
—¿Por qué?
Me mira.
—Porque ya llegaron.
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