TREINTA Y TRES: LA DECISIÓN

Y maldita sea, no puedo detenerlo, ni ahora ni nunca. No tengo la fuerza para detenerlo. Porque incluso si el mundo se invierte, sigo profundamente enamorada de él —desde entonces hasta ahora y ¡mierda! Estoy respondiendo a sus besos... con la misma intensidad y anhelo.

Sus besos bajaron hasta mi c...

Inicia sesión y continúa leyendo