Capítulo 3 Vuelve el pasado
Escucho a Erick y a Dante hablar en la oficina. Muerdo mis uñas en un gesto de desesperación. ¿Qué acabo de hacer?
Cuando Erick abrió la puerta, alguien lo llamó, eso nos dio tiempo de entrar al baño sin que nos viera. Ahora lleva quince minutos hablando con él y yo no he podido irme porque me da vergüenza.
—Solo dame un momento y te veo allá. ¿De acuerdo?
La puerta se cierra y la del baño se abre. Dante trae cara de fastidio pero sonríe cuando me ve.
—Perdona por eso. Sabes mejor que nadie como es Erick.
—Sí lo sé.
—¿Qué ocurre? –pregunta abrazándome a su cuerpo.
—Aún no puedo asimilar esto. Siento que estoy soñando o algo así.
—No es un sueño, pero siento que eso no es lo que te preocupa. ¿Verdad?
Niego con la cabeza.
—Es que yo...me siento algo confundida. No me malinterpretes, por favor, déjame explicarte.
—De acuerdo.
—Es que...no puedo entender como es que sientes todo eso por mi si...bueno ya sabes, todo eso de como me tratas y así.
Dante parece entender mi duda y sonríe apenado.
—No me voy a justificar porque no tengo justificación. Lamento haberte tratado así los últimos meses. Pero es que no sabía cómo hacerte saber lo que sentía por ti.
—Gritarme y obligarme a hacer horas extras era un mensaje muy claro de tus sentimientos. No sé cómo no lo vi. –bromeo y lo veo hacer un puchero.
—Lo siento mucho Danna, de verdad. Dame la oportunidad de hacer esto bien. ¿Puedes?
—Necesito pensar y procesar todo esto. Solo te pido que me des tiempo para analizar las cosas. No quiero perder mi empleo pero tampoco quiero tener un trato diferente. ¿Me explico?
—Sí, lo entiendo. Pero de verdad, me encantaría que nos dieramos una oportunidad. Piénsalo pero no tomes mucho tiempo, quiero disfrutar cada momento que pueda contigo.
Dante besa mis labios despacio, con una ternura que me parece increíble. Yo con más miedo que nada correspondo a él.
—Tengo una reunión importante, puedes tomarte el día si lo deseas, anoche fui demasiado imprudente y debes estar cansada.
—Solo un poco.
—En ese caso mi pequeña Danna, ve a casa a descansar. Te enviaré el desayuno ¿Puedo hacer eso?
—¿Por qué harías eso?
—Por qué eres mi novia. –señala con obviedad.
—¿Novia? Uhm, no recuerdo esa parte. –señalo y él levanta las cejas sorprendido por mi respuesta.
—Eso se soluciona. Pero no aquí, solo avísame cuando pueda proceder.
Asiento y dejo un beso pequeño sobre sus labios antes de salir de su oficina. Tomo mis cosas y bajo directo al estacionamiento. Sí necesito pensar y procesar.
—¿Qué tú hiciste qué cosa?
—Ya te dije dos veces lo que pasó, ¿Qué parte aún no entiendes?
—Mi padre te va a matar cuando lo sepa, Danna.
—No tiene por qué saberlo, porque nadie le dirá, ¿verdad hermano?
—Él no se va a enterar por mi.
—No se va a enterar por nadie porque solo tú sabes esto. Y dudo mucho que Dante le diga algo, ni siquiera lo conoce.
—Pero si formalizan, tendrá que conocerlo.
—No te adelantes, solo fue sexo con mi jefe.
—Ah no, no vas a ser el "solo sexo" de nadie Danna o tendré que viajar hasta allá y tener una conversación muy seria con tu jefe.
—¡No sé te ocurra! Nadie debe saber quién soy, no todavía.
—¿Por qué quieres mantener tu identidad oculta? Dante la sabrá en algún momento.
—Por que...–el sonido de la puerta me interrumpe–, alguien llegó, te llamo más tarde.
—Usa condón, Danna. O tendremos bebés de Maxwell corriendo por el lado oscuro. –suelta riendo antes de colgar.
Mis ojos se abren con sorpresa. Dije que compraría la maldita pastilla y no lo hice. Golpes en la puerta me vuelven a traer al presente.
Camino hasta allá y al abrir me encuentro con un repartidor, entonces recuerdo que Dante dijo que me mandaría desayuno.
—¿Danna Berry?
—Sí, soy yo.
—Para usted.
Me entrega una bolsa y se retira. Cierro la puerta y llevo todo a la mesa, mi nariz es la primera en saber que hay dentro, luego mis ojos ven una pequeña caja.
“Tomala por favor si no lo has hecho, quiero hacer esto de la manera correcta” –Maxwell
Una pastilla del día siguiente, que detalle. Sin pensarlo la tomo de inmediato con el jugo y respiro más tranquila.
Mi teléfono suena por algún lado del departamento, en la pantalla aparece el nombre de Dante...bueno en realidad el nombre con el que lo tengo registrado, casi quiero reír al ver eso.
—Jefe...
—Señorita Berry.
—¿Necesita que vuelva a la oficina?
—Solo si vas a venir a darme un beso.
—Es un viaje de cuarenta y cinco minutos solo por un beso.
—Bueno, yo llevo cuarenta minutos espero que cuando llegue reciba más de uno.
—¿Qué dices?
—Que tienes cinco minutos para estar lista, pequeña Danna. –dice y yo corro hasta la ducha.
Tres toques en la puerta me hacen entrar en pánico, aún no estoy lista pero debe entender que no me dió tiempo de nada.
Aún en bata de baño y descalza corro hasta la puerta, el corazón se me detiene al ver al hombre que está parado ahí.
—¿Qué carajos haces aquí?
—Necesitamos hablar, Danna.
Me aferro a la bata de baño sintiendo un miedo irracional al verlo.
—Vete, no tenemos nada que hablar.
—Si tenemos, y no viajé hasta aquí para nada. Quiero recuperarte.
—¿Recuperarme? Debes estar bromeando.
—¿Cuándo he bromeando con algo así de importante?
Niego con la cabeza.
—Vete por favor, te lo suplico.
—Estás con alguien. –asegura mirándome de pies a cabeza–, ¿Quién es? –cuestiona con los dientes apretados.
—Te pedí que te fueras.
—Esta bien. –dice y da un paso atrás, eso hace que baje la guardia y sin darme cuenta su cuerpo empuja la puerta entrando a mi casa.
Su fuerza es tanta que termino en el suelo con un dolor tremendo en la muñeca, me quejo pero no es suficiente, pues él entra a verificar que no haya nadie.
Me levanto acomodando la bata y él sale furioso. Me toma por las mejillas con dureza.
—Eres mía, nunca en tu jodida vida olvides eso Danna, o haré que lo recuerdes cada puto segundo. –amenaza a centímetros de mi cara–, aquí no hay nadie que me detenga, no está papi, ni tu hermano. No juegues conmigo.
Deja un beso cargado de furia sobre mis labios y sale de mi departamento. Cierro la puerta con rapidez y corro hasta mi teléfono.
—Nana, ¿ya te besaste co
n tu jefe de nuevo? –bromea mi hermano del otro lado de la linea pero yo estoy en shock–, ¿Danna, qué ocurre?
—Volvió. –murmuro apenas–, Damian volvió.
