Capítulo 4 Amenaza
—¿Te encuentras bien? –cuestiono al ver a Danna demasiado sumida en sus pensamientos.
—Sí, está rico. –responde y se lleva un bocado de su plato, seguramente frío.
Eso me llena de ternura y preocupación al mismo tiempo.
—No fue eso lo que pregunté. Hay algo que te incomoda, ¿Es demasiado? ¿Soy yo el problema?
—¡No! ¿Por qué piensas que tú eres el problema?
—No lo sé, siento que estoy haciendo las cosas mal. Si es así dime por favor Danna. Sé que esto es algo extraño para ti, para mí también lo es, hace casi cinco años que no salgo con nadie.
—Lo sé, –responde sonriendo–, he estado contigo cuatro de esos casi cinco años. ¿Lo recuerdas?
—Por supuesto, como olvidarlo. –respondo recordando el primer día de Danna.
—¿Por qué sonríes así?
—Porque recordé la primera vez que llegaste a la empresa.
—¿Por qué recuerdas eso? Es tan vergonzoso. –señala y sus mejillas se ponen rojas.
—Nos encontramos en el ascensor y tomaste de mis manos la botella de agua porque ibas corriendo a ver a tu nuevo jefe.
—Me disculpé por eso. –señala–, no sabía que tú eras mi jefe.
—Eso me quedó claro. –señalo y la veo reír seguramente recordando la escena.
Sus hombros se relajan y yo me siento mejor. Sé que hay algo que le molesta pero no voy a presionar para que me diga.
—Danna, siento que debemos hablar sobre nosotros. Es importante que lo hagamos y que dejemos en claro algunas cosas.
—¿Cómo qué?
—Como sabes, hace tiempo no tengo una relación formal con nadie y la última que tuve tenía un contrato de por medio.
—¿Un contrato? ¿Qué clase de relación era esa?
—Una forzada. –respondo bebiendo un poco de agua para ocultar mi incomodidad.
—¿Y quieres que yo firme un contrato?
—No, no quiero eso. Quiero tener una relación normal contigo, si tú también deseas tener una relación conmigo.
»Estás últimas horas he estado dando por hecho que tú también estás de acuerdo en todo lo que hago y puede que no sea así.
—¿A qué te refieres?
—A que no sé si yo te gusto.
—¡Claro que me gustas! –responde tranquilamente y luego se da cuenta de lo que acaba de decir.
—¿Hablas en serio? ¿Desde cuándo?
—Bueno, solo recuerdo lo que llevabas ese día, un traje blanco impecable que quedó manchado de...
—Café. –termino por ella–, ¡Ese fue tu primer día!
—¡Ya lo sé! No pude evitarlo, te veías tan guapo en el ascensor. Además fuiste muy lindo al no decirme nada sobre tu botella.
—Parecia que tú la necesitabas más que yo.
—¿Por qué yo? –cuestiona y puedo ver la duda en sus ojos.
—¿Por qué tú, qué?
—Por qué habiendo tantas mujeres, mujeres más bonitas, más de tu entorno, ¿Decidiste fijarte en mi?
—Esa pregunta es fácil de responder, eres mi contacto de emergencia, la única persona a la que le confiaría mi vida en un momento vulnerable.
»Nadie me conoce ebrio, jamás nadie me vió llorar como tú lo hiciste cuando murió mi padre, solo tú conoces mi casa, a mí gente, me conoces mejor que nadie Danna.
»He sido odioso, malhumorado, demasiado exigente contigo y aún así no te fuiste. Siempre estuviste ahí, cuidándome de una o de otra forma.
»Entonces todo eso me hizo sentir importante, especial, me hizo desear verte a diario, todas las horas que pudiera. Lamento que hayan sido horas extras.
—Nunca nadie me había pedido hacer horas extras solo porque disfrutara de mi compañía. –señala sonriendo y yo reafirmo porque quiero que sea ella.
—Entonces decidí que quería a una mujer como tú, no, no, no, quiero que seas tú la mujer que esté a mi lado toda la vida de ser posible.
»Lo que quiero decir es que, me gustas hace tiempo Danna, no tenía el valor de decírtelo porque no sabía si tú sentías algo por mi, o si solo estaba confundiendo tu amabilidad.
—Y aquí es donde yo entro, ¿Verdad? Quieres saber lo que siento y estar seguro de que correspondo a tus sentimientos y podría decirte que, no suelo tener sexo con cualquiera.
»Pero eso no lo sabías y siento que no es suficiente para ti. Pero sí, sí siento cosas por ti Dante, cosas que mantuve a raya porque eres mi jefe.
»Si te cuidaba tanto no era por amabilidad sino porque genuinamente me importas, lo de la noche del bar, yo creí que no lo recordarias honestamente, pero sí lo hiciste y me alegra mucho.
—¿Entonces tú también sientes cosas por mi? ¡No hay nada que me impida ser tu novio! ¿Te das cuenta de eso? –señalo y ella sonríe pero no del todo–, ¿O si hay algo que nos impida estar juntos?
—¿Qué? ¡No! No hay nada que...nos impida estar juntos. Es solo que, nuestra posición es tan diferente que, me asusta.
—¿Nuestra posición? Ambos somos humanos y adultos, ninguno de los dos tiene una relación, no veo que clase de posición puede asustarte.
—¡Eres mi jefe!
—Bueno, siempre puedo despedirte. –bromeo y ella palidece–, no es verdad solo estoy jugando, sé que te puede parecer raro pero no lo es, Danna. Dame una oportunidad.
—Dante yo...
—Buenas noc
hes, Danna. Que...coincidencia verte por aquí. –saluda una voz masculina detrás de mi.
—Damian.
