Capítulo 5 Una petición
—¿No me vas a presentar? –cuestiona Damian y yo quiero correr de aquí.
—¿Y tú quién eres? –le pregunta Dante a Damián levantándose de la silla.
—Damian, soy...un viejo amigo de Danna y su familia.
Dante no me mira pero sé que hay algo pasando por su mente. No lo dirá ahorita pero hará preguntas después.
—De acuerdo, si nos disculpas, estamos en un asunto laboral, en otra ocasión puedes hablar con ella con más tranquilidad. –señala de tajo Dante y Damián entiende la indirecta.
—De acuerdo, te veré después, Danna. –dice pero suena más a amenaza.
El cuerpo de Dante está tenso, mira hacia el mesero y con un movimiento sutil le pide la cuenta.
—¿Quieres ver una película?
—¿Estás seguro? Debes estar cansado.
—¿Eso es un no? – cuestiona y veo algo de decepción en sus ojos.
Niego con la cabeza.
—Sé que tienes una excelente colección de películas, vamos a ver una.
Dante sonríe solo un poco, pero no lo culpo. Yo sabía que Damián estaba aquí, pero no imaginé encontrarmelo precisamente en este lugar.
—Ponte comoda, ¿Quieres algo de beber?
—Café, por favor. –respondo dejándome caer en el sofá.
Dante pide a la señora Lua que prepare dos cafés, desaparece de mi campo de visión y aprovecho para ver mi teléfono. Hay un mensaje de mi hermano.
“Es mejor que no estés sola, no sabemos que intenciones tenga Damián estando ahí, quedate con Maxwell”
“¿Cómo sabes que estoy con él?”
“Por tu seguridad, espero que así sea Danna”
“Esta bien”
—¿Todo bien?
—Sí, todo bien. –aseguro y veo que lleva un botiquín en sus manos–, ¿Te lastimaste?
—Yo no, pero tú sí. –asegura sacando una venda–. No quise decirte nada pero tu muñeca está muy hinchada, ¿Te caiste o algo así?
Mis ojos en automático viajan hasta mi muñeca, ni siquiera había notado que estaba hinchada.
—Saliendo de la ducha me resbalé, no fue nada grave, ni siquiera lo había notado.
Dante me observa con fijeza, sé lo que hace, trata de leerme, de entender si miento. Es un talento que lo caracteriza.
—¿Puedo? –señala mi mano y yo asiento.
Dante aplica gel frío sobre mi muñeca y masajes suavemente, después de unos minutos, coloca la venda con destreza.
—¿Una momia te enseñó a vendar muñecas? –bromeo al ver qué lo ha hecho de maravilla.
—No, tomé cursos de primeros auxilios, vendaje y demás. Porque alguien en la oficina lo sugirió.
Levanto la mirada porque yo fui quien sugirió eso.
—¿Hablas en serio?
—Muy en serio. –asegura y sonríe–, deja ponerte más cómoda
Dante procede a quitar mis zapatillas y las coloca bajo la mesita de centro. Levanta mis piernas y me pone la frazada encima.
Se sienta a mi lado, dándome un margen de espacio, sé que no hará nada que yo no quiera, lo conozco tanto.
La señora Lua llega con los cafés y algunos panecitos, los deja sobre la mesa y se retira. Apaga las luces y la pantalla se enciende.
—Aquí tienes, como te gusta. –me entrega el café y si, es justo como me gusta.
—¿Desde cuándo sabes tanto de mi?
—Desde que comencé a investigar. –confiesa y esa palabra me pone alerta.
¿Investigar? Eso no puede ser bueno, si investiga de más, o dónde no debe, sabes quién soy.
—¿Qué tanto sabes de mi?
—Pues...dejando de lado los datos básicos de tu currículum, sé que te gusta el café sin azúcar pero amas los postres dulces, te gusta la naturaleza y las flores amarillas aunque te den hambre. –confiesa y ríe.
»Te gusta salir pero te aburre mucha gente en un solo espacio por mucho tiempo, eres alérgica a los gatos pero te encantan, no te gusta el helado de limón pero si el de fresa.
»Jamás te has roto un hueso ni has tenido cirugías, eres hija única y tus padres no viven aquí. ¿Estoy en lo cierto?
Asiento casi sonriendo porque me llena de alivio que no sepa nada más.
—Conoces más tú de mi que yo de ti, Danna. Y espero que eso cambie algún día. Cuando tú decidas enseñarme más de ti, yo estaré feliz de saberlo.
—Eres tan cursi. –lo acuso y terminamos riendo–, hasta mi café de ha vuelto dulce, prueba.
Dante no prueba directamente de mi taza, sino que lo hace desde mis labios. Saboreando despacio el sabor del café en un beso que, como ya se me hizo costumbre, correspondo.
—No sé si es el café que se volvió dulce o si tú eres quien lo vuelve dulce.
—Ay por favor, ¿por qué eres tan cursi? ¡Tú no eras así! –lo ascuso pero siento mis mejillas calientes.
—No lo sé, supongo que estaba esperando a la mujer correcta para que esa parte de mi despertara.
Sonrío como tonta al verlo mientras me suelta tremenda declaración. Dante es un hombre increíble y no tengo duda de eso, y entonces no sé porque no puedo decirle que si. Aunque ya hayamos hecho todo esto.
Tal vez es el miedo a que descubra la verdad sobre mi. Alejo ese pensamiento cuand
o siento su mano tomar la mía. Sonrío nuevamente.
—Dante, ¿Puedo quedarme a dormir contigo está noche?
