Capítulo 6 Llévame a casa

—¿Te gustaría que trajeramos algo de ropa y guardarla aquí? –cuestiona Dante apenas me ve salir del baño con su pijama.

—¿Por qué haríamos eso? –cuestiono llegando hasta la cama.

—No lo sé, supongo que quiero que estés cómoda.

—La pijama es cómoda y huele a ti. Es la mejor parte. –aseguro y lo veo sonreír.

—No creí que mi aroma fuera algo tan especial.

—Mira quien lo dice, el atrevido que mencionó algo sobre mi shampoo o mi aroma la noche del bar.

—Solo trataba de romper el hielo.

—Bueno pues casi te rompes la cabeza ese día. –aseguro y lo veo sonrojarse.

—Lo siento. No me he disculpado por ese mal rato, pero te lo voy a recompensar. –asegura y me pide que me acerque a él.

Yo, dividida aún con lo que siento, me acerco hasta él, está sentado al borde de la cama, como aquella noche cuando me besó.

—Siempre quise acariciar tu cabello.

—Se siente bien que lo hagas, casi quiero ronronear. –asegura y yo río–, Danna, ¿has pensado en tener hijos?

Me tenso completamente mientras me abraza porque realmente no era algo en lo que estuviese pensando.

—Si te soy sincera, hasta hace unos días solo pensaba en renunciar a la explotación laboral en la que mi jefe odioso me mantenía. –aseguro con voz tranquila mientras Dante me mira con ojos entrecerrados.

—¿Explotación laboral? ¿De verdad ibas a renunciar? ¿Qué iba a pasar conmigo y con todo eso que siento?

—¿Por qué te pones tan dramático? Es algo que no hice. Además, me despediste primero.

—Bueno sí pero solo porque quería besarte. No te iba a despedir en realidad.

Pongo ambas piernas a cada lado de su cuerpo, se recorre un poco sobre el borde de la cama y me abraza con fuerza.

—Esa fue una sucia estrategia. –me burlo y dejo un beso sobre la punta de su nariz.

—Pero funcionó, ahora no habrá nada que haga que te alejes de mi. Nada. Estaremos juntos para siempre.

Pienso por un segundo, solo hay una cosa que podría alejarme de él, pero encontraré la manera de alejarlo primero.

—¿Eso fue una amenaza? –sonrio y el lo hace negando con la cabeza.

—Danna, ¿Puedo hacerte una pregunta? –cuestiona y asiento–, ese hombre en el restaurante...¿Por qué de pronto te veías incomoda con su presencia?

Trato de que no me tome por sorpresa su pregunta, sin embargo nota mi tensión.

—Solo no me agrada, es todo.

—Dijo que era tu amigo, y amigo de tu familia.

—Fue más amigo de...–me detengo en seco antes de cometer un error–, de mi padre en realidad, cosas de negocios en los que no me quise involucrar.

—Ya veo. Aún así, no me gustó como apareció ni el tono de su voz. El verse después parecía más una amenaza que un plan para otro día.

Claramente fue una amenaza, pero sonrío para alejarlo de ahí. No necesito que Dante se tope con Damián jamás.

—¿Por qué me hiciste esa pregunta tan atrevida? –cuestiono tratando de desviar su atención.

—Siempre he querido tener una familia, hijos, una esposa con quién pasar la vida. Siento que el tiempo se me viene encima y no he hecho nada.

—¿Bromeas? Eres el hombre más importante e influyente en el mundo de los negocios, has levantado un imperio completo, Dante.

—No hablo de eso, lo sabes. No importa cuánto tenga, si no hay quien comparta conmigo todo eso, ¿Qué caso tiene?

—Vas a tener a alguien a tu lado, no debes perder la esperanza.

Dante me observa con ojos entrecerrados.

—¿Por que tu respuesta no fue "ya tienes a alguien a tu lado"? ¿Acaso tú no quieres estar conmigo?

—Dante, no lo tomes así. ¿Quieres?

—¿Entonces como lo hago? ¿Acaso no te ves en un futuro conmigo?

—No es eso, lo que pasa es que no sé si realmente yo sea suficiente para un hombre como tú. –confieso y parpadea visiblemente confundido.

—¿Qué? No sé de dónde sacas eso, pero quiero que sepas que eres más que suficiente para mí y para cualquier hombre en este mundo, pero que quede claro que yo te vi primero.

Sonrío por su última declaración.

—No me interesa nadie más, en años no busqué a nadie, ahora que estoy contigo menos. Voy a darle una oportunidad a lo que estamos empezando, pero si en el proceso no te sientes cómodo con eso, por favor te pido que seas honesto.

Dante niega con la cabeza pero sonríe.

—Seré muy honesto contigo, en todo momento y justo ahora. Lo único que me incómoda es tu pijama. ¿Puedo quitartela? –cuestiona y yo siento que mis mejillas se calientan.

—¿Qué tiene de malo mi pijama?

—Nada, solo que prefiero verte natural.

Sonrío cuando siento sus manos acariciar cierta parte de mi cuerpo, enredo mis manos en su cabello y noto su erección chocar contra mi.

El calor en mi cuerpo aumenta cuando su mano se cuela entre nosotros, entre mis piernas, gimo  sobre sus labios.

Mi teléfono suena, pero lo ignoro un poco, la llamada termina mientras los dedos de Dante me brindan placer.

El teléfono vuelve a sonar y Dante detiene sus movimientos y yo me quejo.

—Puede ser importante pequeña.

Me bajo de su cuerpo y camino hasta el teléfono, me sorprende ver el número del que me llaman.

Remarco la llamada y su voz temblorosa me responde desde el otro lado.

—¿Señora Smith, se encuentra bien?

—Danna, tienes que venir al edificio, ha pasado una desgracia. –confiesa y yo siento que me congelo cuando me cuenta lo que sucedió.

Cuelgo la llamada y Dante me mira con preocupación.

—¿Danna?

—Llevame a casa, por favor.

Capítulo anterior
Siguiente capítulo