Capítulo 6 6

Como una esposa agradecida por el gran favor que él le está haciendo al presentarse legalmente como el padre del bebé, ella decidió acompañarlo y llevando apenas algunas pertenencias huyeron a un lugar desconocido para ella.

¿Lo extraño?

Es que Eduardo maneja un auto de lujo y lo custodian dos autos por delante y dos por atrás. Él dijo que al ser el jefe de seguridad su jefe mayor lo consiente y le da privilegios. Algo que todavía no genera total confianza en la chica y promete que lo investigará por su cuenta.

A mitad del camino sus hombres le sugirieron que se quedara en un hotel. Ya se habían alejado bastante de aquel lugar en donde era seguro que los enemigos llegarían a buscarlo.

Así fue como Eduardo le comentó a la chica que el auto se había arruinado y no podían irse en otro porque su jefe había ordenado que regresaran de inmediato. Como ya estaban casados no era de mal gusto compartir una sola habitación, solo que esta contaba con una cuna para el bebé.

Eduardo dijo sentirse muy triste por sus padres que estaban muy enfermos y no se sentía capaz de aguantar una noche más durmiendo en el sofá. Alicia se compadeció y le permitió compartir la cama. Parecía que él tenía muy buena relación con sus padres, no como ella que la despreciaban.

Él sonrió victorioso porque finalmente había conseguido lo que quería: dormir a su lado. Era la primera vez que mantenían contacto físico de cerca, la tensión sexual no se hizo esperar y el orgulloso hombre que había dicho que no tenía que haber sexo entre ellos rompió la primera regla del acuerdo matrimonial al seducirla y acabar haciendo el amor el resto de la madrugada.

¿Cómo lo logró?

Muy fácil. Solo había una sábana, él fingió tener demasiado frío y sin pedir permiso se arropó con la misma de Alicia. Sus cuerpos quedaron tan cerca que su respiración quedaba perfecta en el cuello de la chica, detalle que no pasó desapercibido por ella. Al instante cerró los ojos con fuerza y tragó saliva para no concentrarse en aquella escena que le provocaba más que escalofríos.

Una mano se deslizó por el muslo de la chica, ella no reaccionó. Fingió estar dormida antes que sentirse deseada por ese hombre que la vuelve loca desde que lo conoció… loca de miedo y de amor.

—Sé que estás despierta y… me deseas—. Susurró, mordiendo suavemente el borde de la oreja. —Tu cuerpo se estremece cuando lo toco, tu respiración se pone agitada, tus pechos suben y bajan con cada respiración. ¿Cómo crees que me siento al oler tu aroma y rosar con mi mano tu redondo trasero? Toca, así es como estoy por tu culpa.

Él tomó la mano de la chica y la llevó hasta su miembro que ya estaba muy excitado, sin que él lo pidiera ella acarició el enorme bulto que se notaba.

La claridad de la luna de madrugada se colaba por aquella ventana de cristal dándole un toque romántico a la habitación. Eduardo volteó a la chica para quedar frente a frente y sin pensarlo dos veces la besó, una, dos y muchas veces más.

Ella era muy torpe, él un experimentado que prometía hacer que esa vez la disfrutara y recordara para siempre. Ella le correspondió, el miedo había desaparecido y en cuestión de minutos ya estaban sin una prenda de ropa que los protegiera de cometer una locura.

Y vaya que si la cometieron pero, ¿él se arrepentirá y lamentará haberse dejado llevar por sus ganas de hacerle el amor a la mujer que ha convertido en su esposa para alejar a una loca que está por convertirse en su prometida desde hace varios años?

El llanto del bebé lo hizo levantarse en la cama. Observó a la chica y ella dormía como una piedra sin emociones. Por suerte ya había prestado atención y sabía cómo preparar el biberón y por primera vez después de dos meses se dignó en atenderlo. Volvió a la cama cuando el niño se quedó dormido, fue entonces cuando notó una mancha roja en la sábana.

Pensó que se había herido al salir de casa apresurado. Pero luego comprendió que estaba justo en el lugar donde la chica estuvo debajo de él.

—¿Cómo es posible que ella sea virgen si ya tiene un hijo?—Se preguntó a sí mismo.

Esperó ansioso a que ella despertara. Cuando lo hizo, la chica se sintió avergonzada y lo culpó por haber roto la primera regla del contrato.

—A la mierda con eso. Yo solo quiero una explicación para esto— señaló la mancha de sangre.

Ella se puso pálida y sintiendo vergüenza confesó que en realidad, esa había sido su primera vez.

Eduardo masajeó el ceño, quedó todavía aturdido, se suponía que ella ya era madre de un bebé, ¿cómo es que ahora sale con que era virgen hasta hace unas horas?

Eduardo exigió una explicación. Se sentía ofendido y ese no era su estilo, jamás permitía que alguien se burlara de él y mucho menos una mujer desconocida.

Alicia se sentó en el borde de la cama, la sábana medio cubría su cuerpo, en ese momento ni siquiera recordaba que estaba desnuda hablando con el maldito engreído. Ella se aclaró la garganta, limpió un par de lágrimas y confesó que el bebé que carga es el hijo de su hermana que falleció cuando él nació y la dejó a ella encargada de su crianza.

En ese momento Eduardo no dijo nada, incluso ignoró lo que ella había mencionado. Pero en el fondo de su corazón sintió alivio, era la primera vez que una chica virgen se le entregaba sin que hubiera dinero de por medio.

También recordó aquella vez cuando la encontró en medio de la noche y ella le pidió ayuda. En ese momento él la humilló al juzgarla diciendo que a temprana edad se había puesto a tener hijos.

Al no tener respuesta de su parte, Alicia se sintió ridícula por esperar que ese hombre la comprendiera. Maldijo la hora en que cayó en sus provocaciones, pero es que… los besos de él la hicieron temblar y no lo pudo evitar. 

Esa había sido la mejor noche de su vida. Pero al parecer, para Eduardo solo había sido algo pasajero, sin emociones futuras, incluso se le notaba muy serio, como si todo lo que sucedió en la cama formara parte de un plan macabro. Probablemente solo estaba arrepentido y no se atrevía a decirlo para no humillarla de golpe.

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