Capítulo 102 Capítulo ciento dos

Los dedos de Kaelani se movían en arcos deliberados—precisos, casi delicados—trazando líneas invisibles en el aire. Una luz violeta seguía el movimiento como tinta en el agua, hilándose hasta existir por orden suya.

La corriente se reunió en su palma, enroscándose cada vez más tensa y brillante.

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