Capítulo 40 Capítulo cuarenta

La celda estaba fría.

No helada, no insoportable; solo lo suficientemente fría como para recordarle a Kaelani que la comodidad no era una opción. La luz del techo parpadeaba de vez en cuando, zumbando débilmente como si ella también estuviera cansada de ser testigo.

Estaba sentada en el borde del ...

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