Capítulo 42 Capítulo cuarenta y dos

El silencio era ensordecedor.

Una quietud tan absoluta que resonaba más fuerte que cualquier grito. No se movía ni un aliento. Ni un roce de tela ni el raspón de una bota contra el suelo. Solo el peso de la expectativa, aplastando a cada alma en la sala.

**Y entonces —por fin— el Alfa Gar...

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