Capítulo 53 Capítulo cincuenta y tres

La noche era negra como la brea, y la única luz provenía de las luces altas que cortaban el camino vacío por delante. Las manos de Julian se aferraban al volante, con los nudillos tensos y la mirada fija en la interminable extensión de asfalto. Catorce horas seguidas al volante ya empezaban a pasarl...

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