Capítulo 128 128

AMELIA se quedó helada, con el bolígrafo suspendido sobre el teclado.

—¿Q— qué? —exclamó, con los ojos abiertos de par en par, incrédula.

Otra vez, Adrián. Otra vez.

—¡Lo sé, lo sé! —rió Hazel, dando una vuelta sobre sí misma—. ¡Fue una sorpresa! Dibujamos juntas, nos reímos, ¡y hasta me trajo l...

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