Capítulo 8 Ruinas y deudas de sangre

La furgoneta blindada de la mafia Bellucci se alejó, dejándome de rodillas sobre el frío concreto del almacén. 

El eco de las últimas palabras de Elena —«Este bebé es un Bellucci, Dante»— seguía martilleándome las sienes. 

Apenas podía procesar lo que acababa de ocurrir. Mi mente era un caos confu...

Inicia sesión y continúa leyendo