SEÑALES

Liz

La mañana del lunes fue un desierto. No hubo café compartido, ni el sonido de la rasuradora de Richard, mucho menos un "buenos días". 

Salí de casa antes de que él bajara, dejando mi habitación con la cama perfectamente tendida. Mi armadura hoy era un traje sastre gris; nada de morado, nad...

Inicia sesión y continúa leyendo