LABIAL CEREZA

Liz

​Regresé a mi escritorio con el cuerpo vibrando.

Las manos me temblaban tanto que me costó encajar la tarjeta de acceso en la ranura. El aire en la oficina se sentía denso, como si el oxígeno hubiera sido reemplazado por estática.

​Revisé el archivo de Santa Fe. Tenía razón. Las inconsiste...

Inicia sesión y continúa leyendo