EN RUINAS

Liz

La estancia se sentía como una tumba de lujo. El aire estaba viciado por el olor a flores caras y el rastro amargo del llanto. La madre de Astrid y la tía Johanna estaban en el sofá, unidas por un abrazo que parecía más una lucha por no hundirse. Lloraban con una intensidad rítmica, desgarradora...

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