CLERICOT

Richard 

Arranqué el automóvil y salí sin decirle nada más a Liz.

Ver su rostro desanimado taladraba mi corazón pero ya no había palabras de esperanza ni aliento que contrarrestaran el malestar que provocaba un sistema de justicia que le estaba fallando.

Solo la miraba consumirse.

Manejé sin u...

Inicia sesión y continúa leyendo