Capítulo 8 BUSCANDO AYUDA

SARA

Amaneció. Me levanté mentalizada en que llorar no sirve de nada y que la lástima no paga deudas. Una pizca de esperanza me encendió el pecho. Abajo, en la sala, la nana me tomó la mano y marcamos al doctor Lendos, aquel viejo amigo de papá que me dijo que contara con él.

—Dígale que...

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