Capítulo 82 ENGAÑADO EN SU CARA

ALANA

Apenas pisé el primer escalón hacia la acera, un agarre firme sobre mi muñeca congeló mi huida.

Giré la cabeza. Sebastián me sostenía con una opresión inusual, desprovista de su brusquedad habitual. En sus pupilas oscuras bailaba una zozobra opaca, una corazonada invisible que parecí...

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