Capítulo 111

—Eres ridículo.

Gabriel me colgó.

Mientras escuchaba el tono, sonreí, dejé el teléfono sobre la mesa de centro y seguí tomando mi té.

A las siete de esa tarde, por fin se abrió la puerta de la villa.

—¿Ya volviste?

Dejé la taza de té lentamente.

Gabriel pareció sorprendido de que yo hubiera es...

Inicia sesión y continúa leyendo