Capítulo 132

Que arrecie la tormenta, Gabriel.

Pensé. Así, cuando llegues al trabajo mañana, tu futura suegra verá todas estas bonitas marquitas de amor en mi cuello. Y tu dulce e inocente amor verdadero verá las marcas que otra mujer dejó adrede en el tuyo.

La idea me hizo sonreír todavía más.

Tenía que admi...

Inicia sesión y continúa leyendo