Capítulo 1 Capítulo: Divorcio durante embarazo

—Señora Hamilton, está embarazada.

Hannah dejó de respirar por un instante.

Las palabras de la doctora parecieron detener el tiempo. Permaneció inmóvil, sentada frente al escritorio, con los dedos entrelazados sobre su regazo y los ojos fijos en el rostro de la mujer que acababa de darle aquella noticia.

—¿Qué dijo? —preguntó, convencida de que había escuchado mal.

La doctora sonrió con paciencia y volvió a revisar los resultados antes de levantar la mirada.

—Está embarazada, señora Hamilton. Tiene aproximadamente seis semanas. El análisis de sangre es positivo y los estudios que hemos realizado confirman el embarazo.

Seis semanas.

Aquellas dos palabras comenzaron a repetirse dentro de la cabeza de Hannah, una y otra vez, hasta que finalmente consiguió comprender su significado.

Estoy embarazada.

Llevó una mano a su vientre por puro instinto.

Todavía estaba completamente plano. No había ninguna señal que delatara que una pequeña vida comenzaba a crecer dentro de ella. Sin embargo, de pronto, aquel lugar adquirió un significado completamente diferente.

Una sonrisa apareció en sus labios, y sus ojos se llenaron de lágrimas.

¡Iba a ser madre!

No pudo contener la emoción. Durante mucho tiempo había deseado tener una familia propia, un hogar donde nunca volviera a sentirse sola, donde pudiera compartir sus alegrías y sus tristezas con las personas que amaba.

Sus padres habían muerto cuando ella tenía quince años, en aquel terrible incendio que destruyó todo lo que conocía. Después de perderlos, fue recibida en la casa de los Hamilton, donde intentó reconstruir su vida como pudo.

Pero había una persona que, desde el principio, había ocupado un lugar especial en su corazón.

Luke Hamilton.

Lo amaba desde niña, desde mucho antes de convertirse en su esposa. Por eso, cuando Isabella desapareció el día de su boda y dejó a Luke humillado frente a todos en el altar, Hannah aceptó casarse con él.

La familia Hamilton necesitaba salvar su reputación, y ella tuvo la oportunidad de convertirse en la esposa del hombre al que había amado durante años.

En aquel momento, creyó que quizá el destino finalmente le estaba concediendo una oportunidad.

No le importó que su matrimonio comenzara por conveniencia.

Tampoco le importó que Luke no la amara. Se convenció de que, si era paciente, si lo cuidaba y permanecía a su lado, algún día podría conquistar su corazón.

Sin embargo, habían transcurrido seis meses y nada había cambiado.

Luke continuaba siendo distante. Pasaba largas horas fuera de casa, apenas hablaba con ella y, cuando coincidían bajo el mismo techo, muchas veces Hannah tenía la sensación de que era una completa desconocida para él.

Tal vez, cuando Luke supiera que iba a ser padre, comenzaría a mirarla de una manera diferente.

Hannah cerró los ojos y se permitió imaginarlo.

Luke sosteniendo a su bebé entre los brazos, contemplándolo con aquella expresión seria que tanto conocía, pero con una sonrisa que nunca antes hubiera visto en su rostro.

Por primera vez en mucho tiempo, se permitió soñar con una familia.

Una familia que no desaparecería de su vida.

—Gracias —murmuró, secándose discretamente las lágrimas.

La doctora le dedicó una sonrisa cálida.

—Felicidades, señora Hamilton. Cuídese mucho durante estas primeras semanas. Y recuerde que puede regresar si tiene alguna molestia o alguna duda.

Hannah asintió y se levantó con cuidado.

Cuando salió del consultorio, el aire fresco acarició su rostro.

Caminó hasta su automóvil con una mano apoyada sobre el vientre y una felicidad que no podía describir.

Quería contárselo a Luke.

Quería ver su reacción, escuchar lo que diría y descubrir si, aunque fuera por un instante, podría compartir con ella aquella alegría.

De camino a casa, se detuvo en una tienda y compró unos pequeños calcetines blancos.

Eran diminutos, tan pequeños que le resultaba difícil imaginar que algún día su bebé pudiera utilizarlos.

Los sostuvo entre sus manos durante varios minutos antes de guardarlos cuidadosamente en su bolso.

Aquella noche sería especial.

Al menos, eso era lo que deseaba creer.

Cuando llegó a casa, Hannah no consiguió quedarse quieta.

Caminó de la sala a la cocina, revisó su teléfono varias veces y miró el reloj con una impaciencia que nunca antes había sentido.

Luke todavía no regresaba.

Preparó una cena sencilla y después se arrepintió, pensando que quizá sería mejor pedir su comida favorita. No sabía si tendría hambre, pero quería que todo estuviera perfecto.

Finalmente, escuchó el sonido de la puerta principal.

Su corazón comenzó a latir con fuerza.

—¡Luke! —exclamó, saliendo de la sala.

Luke levantó la mirada.

—Hannah, tenemos que hablar.

Ella se detuvo frente a él.

—Está bien. Yo también tengo algo que contarte.

Por un instante, pensó en sacar los pequeños calcetines de su bolso, pero decidió esperar. Quería escucharlo primero.

Luke respiró profundamente y desvió la mirada.

—Sé que me tienes mucho cariño.

Hannah frunció ligeramente el ceño.

—Luke, yo...

—Y sé que has hecho muchas cosas por mí durante estos seis meses —continuó él, interrumpiéndola—. No tengo ninguna queja de ti. Siempre has sido una buena esposa.

Una sonrisa nerviosa apareció en los labios de Hannah.

No comprendía por qué hablaba de aquella manera, como si estuviera despidiéndose de ella.

—Entonces, ¿qué sucede?

Luke guardó silencio durante unos segundos.

Después, volvió a mirarla.

—El problema es que no puedo corresponderte de la manera que mereces.

Hannah sintió que algo se contraía dentro de su pecho.

—No entiendo.

—Hannah, no quiero seguir dándote falsas esperanzas.

Sus manos comenzaron a temblar.

Conocía aquella expresión. Había visto a Luke ponerse así cada vez que Isabella era mencionada, cada vez que alguien le preguntaba por su pasado o cuando recibía alguna noticia relacionada con ella.

Luke se acercó un paso, aunque no intentó tomarla de las manos.

—Quiero el divorcio.

El mundo se quedó en silencio.

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