Cuarenta y uno

No pasó mucho tiempo antes de que el auto entrara al garaje. Alina, que seguía perdida en sus pensamientos, volvió en sí sobresaltada por la voz del general Kian, que le decía que ya habían llegado. Se bajó lo más rápido posible y, antes de poder correr hacia la casa, una voz la detuvo a sus espalda...

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