Cuarenta y ocho

—No he hecho nada malo, ¿verdad? —preguntó Ash mientras entraba a la cocina—. ¡Mila, por el amor de Dios, te estoy hablando! ¿He hecho algo malo? —volvió a preguntar cuando ella le dio la espalda con frialdad.

—No, no has hecho nada malo. Solo estoy molesta conmigo misma. Me tomo mi tiempo contándo...

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