Cincuenta y tres

—Cariño, ¿estás bien? —preguntó Karina, preocupada, mientras ayudaba a su hija a alejarse de aquel lugar hecho un desastre.

—Sí, mamá, yo solo… se me resbaló el plato —mintió, mirando el desastre que había provocado. Se agachó, recogió los pedazos esparcidos y los tiró al bote de basura. Luego trap...

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