LX

—Mierda— maldijo Daniel mientras más tiempo pasaba esperando a que Kinder saliera con su hija.

—No ha pasado ni cinco minutos desde que entró a la casa— susurró William.

—Siéntate y espera a que tu esposa haga el trabajo— propuso William tratando de apaciguarlo.

—No es necesario, la esperaré aquí...

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