LXII

—Mis palabras son proféticas. ¿Recuerdas que te dije que todo estaría bien? —susurró William al oído de su jefe, quien estaba más que encantado.

Daniel suspiró, antes de recostar su cabeza en el pecho de su bebé mientras la sostenía en sus brazos musculosos e inhalaba su aroma, esa fragancia que ah...

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