Capítulo 3 Bienvenida a Belcier - I
Hay destinos inciertos.
Hace ya algunas dos semanas que llegue a Belcier luego de estar viajando por el mundo por algunos años tres años tiempo después de que los abuelos Linsey y Eliot hayan desaparecido sin dejar razón clara alguna, guiada más que nada por mi imprudencia.
Llegué a Belcier un viernes en pleno inicio del mes de mayo alrededor de las dos de la tarde, llegué sola ya que no conocía a nadie y peor aún, no conocía nada, por lo que tuve que aprender a usar el sentido de la orientación que como loba poseo pero que por lo general no me sirve de mucho en mi calidad de omega.
La ciudad a mi llegada se encontraba sumamente alborotada tras el fin de semana estar en su pleno inicio por lo que todos los establecimientos a la redonda se mantenían abarrotados.
Hacia donde quiera que mirases el cumulo de personas era impresionante, hoteles, plazas, parques, centros comerciales, bares y restaurantes, todos completamente llenos a su máxima capacidad, alboroto que empeoro tras llegar la noche así que la verdad tuve muchísima suerte de conseguir un lugar para quedarme.
El último espacio disponible permanente lo pude encontrar a unos cuantos minutos alejado del centro de la ciudad localizado en el tercer nivel de un antiguo edificio llamado Vinchenzo donde por lo general solo se encuentran residiendo humanos, justo allí, pude dar con un pequeño aparta estudio dividido en dos sesiones para dos inquilinos.
Para mi sorpresa ya la habitación continua se encontraba ocupada por una chica humana.
Lina Cossio era una chica humilde y dulce quie no tiene nada que ver con el mundo de los lobos, llego a Belcier para seguir sus estudios universitarios y término quedándose en la ciudad viviendo atrapada por la dinámica y la hermosura que todo a la redonda desprende.
Lina no solo supo acogerme, sino que, en el transcurso de los días comenzamos a formar una buena e intachable amistad por tal razón esta al ser conocedora de mi situación y siendo consciente de mis posibles necesidades se vio comprometida a tenderme una mano amiga por lo que se atrevió esta a dar buenas referencias de mi a su jefe aun a pesar de ser una desconocida para ella.
Te imaginaras mi sorpresa cuando me entere de lo hecho por Lina hacía mí al decirme está un día menos que otro de la nada que me había conseguido una entrevista de trabajo con el dueño del restaurante “El Gran Atlante” establecimiento que se localiza en pleno centro de la ciudad siendo tal un icono a nivel nacional, reunión que se concretó velozmente.
El gran día de la entrevista llego y las sorpresas empezaban a surgir literalmente pues tras seguir a Lina hasta el área administrativa e ingresar en una oficina allí terminé encontrándome con alguien conocido y es desde allí que me destino empieza a marchar.
— ¡Emma!
Comento el hombre de la nada con el rostro tomado por la sorpresa con los ojos bastante abiertos, para a aquel instante el hombre yacía sentando acomodado detrás del escritorio con la cara mostrando una completa expresión de asombro y a quien por el momento, aunque se me hacía familiar, no pude reconocer.
Era un señor mayor de algunos casi sesenta años tal vez, de pelo canoso, ojos oscuros y aspecto formal que parecía bastante amable.
Con confusión observe a Lina quién con sorpresa me devolvía la misma expresión de regreso.
— Usted la conoce señor — refuto ella tras intentar actuar como mediadora entre los dos.
— Claro que la conozco no podría olvidarla jamás aunque es evidente de que ella a mí no me recuerda — aquel sin dudarlo se coloco de pie abandonando el asiento en donde anteriormente se encontraba y tras rodear el escritorio busco posicionarse justo al frente nuestro.
Con una sonrisa dulce tomo la palabra — soy el señor Lombardi, Emma, el viejo amigo de tus abuelos Eliot y Linsey, solía visitarlos constantemente antes de irme de Venecia hace algunos diez años atrás.
Aquel apellido hacía años que no lo escuchaba sin dudas tenerle a aquel frente a mí era una completa sorpresa.
— ¡Tío Martín!
— Si pequeña, soy yo.
Con cual emoción aquel abrió en el aire sus brazos, ni él, ni mucho menos yo podíamos creer que finalmente después de tanto tiempo ambos nos habíamos podido reencontrar de nuevo así que llenos de regocijo terminamos unidos en un sin igual abrazo tan cálido y reconfortante como ningún otro.
— No sabes el placer que me da nuevamente verte — refuto aquel tras finalmente apartarnos.
— Lo mismo pienso tío, no imagina lo feliz que me hace poder encontrarle, por cierto y la tía Susan ¿Dónde se encuentra?
— Recientemente ha salido de viaje, en unos pocos días estimo que estará de regreso, sin dudas le encantará él poder verte de nuevo.
Tras el resurgir de tal conversación y observando un espacio en el cual poder intervenir Lina recalco
— Valla sorpresa entonces.
El tío Martín estaba extasiado, la emoción en su ser se había acumulado por lo que fácilmente yo podía distinguirla.
— Sorpresa maravillosa sin dudas, no te imaginas lo que has hecho hoy — el señor Lombardi no dudo en expresar su gratitud ante tal situación, las emociones le ganaban por mucho y tras respirar algunos segundos continúo diciendo — y bien que las trae por aquí.
Lina volvió a tomar la palabra y recalco — ella es la persona de la cual le hable.
— ¡Wao! Entonces Emma has resultado ser tú la solicitante.
— Sí tío Martín.
El tío con cual ademán de mano guiándome con evidente insistencia hizo que me acercara hasta el escritorio para que me acomodara en uno de los asientos que allí se encontraban, sin dudarlo me acerque porque no era justo que le hiciese algún desaire siendo él alguien que marco por mucho mi vida pero tras yo notar que Lina permanecía en el mismo sitió tras nuestra llegada le increpe.
— Vamos Lina, acércate.
— Emma tiene razón querida, acércate — recalco de igual forma el tío con evidente empeño — me gustaría escuchar la historia de cómo se conocieron — dijo a aquel sonriendo con alegría.
